Ser figurón del toreo consiste en otra cosa que yo no se explicar, pero quien, tras cuarenta años retirado sigue reuniendo, en torno a unas habichuelas blancas con todos sus avios de fábula, a una docena de los hombres que han ido en su cuadrilla, cuatro amigos, comen juntos, lloran a los que faltan, arreglan el toreo, se joden los pulmones con un puro caro y se alegran el ojo con vino rojo y el alma con memorias dulces.
Así, sin más pretensiones, sin besos, ni placas, ni chusma que estorbe y luego lo cuente, ése torero seguro que no anda muy lejos de ser un figurón del toreo. Y de la vida,... y de la vida.
Alín, El Pio, el Vito,

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