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lunes, 18 de julio de 2011
sábado, 9 de abril de 2011
Un proyecto de mujeres y toros
Aún el asunto anda en los inicios, estas fotos fueron tomadas el pasado lunes 21 en la Finca Yerbabuena, que cedió muy amablemente el maestro Ortega Cano. Tres vacas tres tentaron las mozas.En el proyecto Juan Palma, Xavi Llamas y Pepe Sarmiento.
Cuentan que las chicas apuntan maneras
Seguiremos informando, que diría el clásico
Las participantes provienen de todas las Españas
No tendrán apoderado si no manager
ROSANA TOLEDO (Mora de Toledo, Toledo)
CRISTINA HERNÁNDEZ (Almería)
LIDIA FALCÓN (Sevilla)
VERÓNICA RODRÍGUEZ (Murcia)
MIRIAM GARCÍA "La Santiaguita" (Almagro, Ciudad Real)
sábado, 30 de octubre de 2010
Perera, listo para reaparecer
Está muy recuperado de su lesión de columna y estos días lleva a cabo una intensa preparación en el campo
El diestro Miguel Ángel Perera lleva a cabo estos días una intensa preparación en el campo después de haber superado su lesión de columna, de la que fue operado el pasado 6 de septiembre. La ausencia de molestias y el hecho de encontrarse muy a gusto delante del ganado ha cargado de moral al torero extremeño, que no pierde un solo día en su puesta a punto para reaparecer en México el próximo 14 de noviembre.
Perera habla de sus sensaciones desde que el pasado día 11 de octubre volviera a ponerse delante del ganado: “Desde el primer día me encontré muy bien, pero hasta la fecha todo ha ido a más, cada vez estoy más a gusto, más redondo, más fresco y más ilusionado. Primero toreé vacas y una semana después empecé con toros, y en todo momento me he sentido como si no hubiera dejado de torear. Y de la espalda, perfecto, sin dolencias, ni siquiera molestias leves”.
En este sentido, Perera pondera el acierto de la operación: “Fue una buena decisión y ha sido todo un éxito. Si no me hubiera operado, a día de hoy estaría todavía con un fajín y guardando reposo”. Consciente de la gravedad de la lesión que padecía (fractura por aplastamiento de la vértebra L2), que le produjo un toro en la plaza de San Sebastián, el torero se tomó muy en serio su recuperación: “Desde el día 28 de agosto cuando los médicos me aconsejaron dejar de torear y tuve que cortar la temporada, siempre me he concentrado en hacerlo bien para cumplir los plazos. Lo he hecho todo pensando en la recuperación, me he cuidado y he estado en todo momento pendiente de la rehabilitación. Me lo he tomado en serio, con mucha disciplina. Tanto es así que desde que he empezado a hacer campo cada tentadero es un reto conmigo mismo, no me permito ni un momento de relajación.
Todo pensando en la vuelta a la plaza”. La fecha del 14 de noviembre, la de su reaparición, se acerca en el calendario, pero esta proximidad no incomoda al torero, que por el contrario afirma con rotundidad:
“Por mí toreaba mañana mismo en la México” No le gusta decir que está al cien por cien “porque eso sería tocar el techo y siempre pienso que puedo dar más”,pero sí asegura encontrarse “redondo” y que aprovechará estas dos semanas que quedan para la cita para afinar aún más su toreo.
Es consciente de que volver en México es una apuesta fuerte: “He querido que sea así. Tenía esa fecha en mi cabeza y aunque nos han ofrecido cosas antes, que incluso me habrían venido bien para ir más rodado, he preferido volver allí. Me gusta y me motiva la importancia de esa plaza y esa afición”.
De momento, Miguel Ángel Perera, que viajará a México la próxima semana para hacer campo también allí,tiene tres fechas en noviembre –México y dos tardes en Lima- y está contratado en enero en las plazas de Bogotá y San Cristóbal.
NOTA: Texto de toromedia Las fotos que acompañan a esta información fueron captadas en
la finca de Daniel Ruiz, donde Miguel Ángel Perera estuvo tentando esta semana.Su autor es: Miguel López
El diestro Miguel Ángel Perera lleva a cabo estos días una intensa preparación en el campo después de haber superado su lesión de columna, de la que fue operado el pasado 6 de septiembre. La ausencia de molestias y el hecho de encontrarse muy a gusto delante del ganado ha cargado de moral al torero extremeño, que no pierde un solo día en su puesta a punto para reaparecer en México el próximo 14 de noviembre.
Perera habla de sus sensaciones desde que el pasado día 11 de octubre volviera a ponerse delante del ganado: “Desde el primer día me encontré muy bien, pero hasta la fecha todo ha ido a más, cada vez estoy más a gusto, más redondo, más fresco y más ilusionado. Primero toreé vacas y una semana después empecé con toros, y en todo momento me he sentido como si no hubiera dejado de torear. Y de la espalda, perfecto, sin dolencias, ni siquiera molestias leves”.
En este sentido, Perera pondera el acierto de la operación: “Fue una buena decisión y ha sido todo un éxito. Si no me hubiera operado, a día de hoy estaría todavía con un fajín y guardando reposo”. Consciente de la gravedad de la lesión que padecía (fractura por aplastamiento de la vértebra L2), que le produjo un toro en la plaza de San Sebastián, el torero se tomó muy en serio su recuperación: “Desde el día 28 de agosto cuando los médicos me aconsejaron dejar de torear y tuve que cortar la temporada, siempre me he concentrado en hacerlo bien para cumplir los plazos. Lo he hecho todo pensando en la recuperación, me he cuidado y he estado en todo momento pendiente de la rehabilitación. Me lo he tomado en serio, con mucha disciplina. Tanto es así que desde que he empezado a hacer campo cada tentadero es un reto conmigo mismo, no me permito ni un momento de relajación.
Todo pensando en la vuelta a la plaza”. La fecha del 14 de noviembre, la de su reaparición, se acerca en el calendario, pero esta proximidad no incomoda al torero, que por el contrario afirma con rotundidad:
“Por mí toreaba mañana mismo en la México” No le gusta decir que está al cien por cien “porque eso sería tocar el techo y siempre pienso que puedo dar más”,pero sí asegura encontrarse “redondo” y que aprovechará estas dos semanas que quedan para la cita para afinar aún más su toreo.
Es consciente de que volver en México es una apuesta fuerte: “He querido que sea así. Tenía esa fecha en mi cabeza y aunque nos han ofrecido cosas antes, que incluso me habrían venido bien para ir más rodado, he preferido volver allí. Me gusta y me motiva la importancia de esa plaza y esa afición”.
De momento, Miguel Ángel Perera, que viajará a México la próxima semana para hacer campo también allí,tiene tres fechas en noviembre –México y dos tardes en Lima- y está contratado en enero en las plazas de Bogotá y San Cristóbal.
NOTA: Texto de toromedia Las fotos que acompañan a esta información fueron captadas en
la finca de Daniel Ruiz, donde Miguel Ángel Perera estuvo tentando esta semana.Su autor es: Miguel López
martes, 28 de septiembre de 2010
El rito del herradero de machos en Comeuñas.
Cuadri: La pureza del toro como religión, su manejo como rito.
La religión del cuadrismo tiene en esta ceremonia del herradero su rito iniciático por naturaleza. Ofician los sumos sacerdotes, acólitos, monaguillos y hasta beatos de esta fe que acuden fieles a la Meca del toro bravo. Debía hacerse obligatorio presenciar el rito al menos una vez en la vida, al estilo musulmán, para poder llamarse aficionado.Cuadri hierra los toros que se lidiaran en el 2014 con el hierro de la H
| Fotos Gilberto, Antonio la o Y las malas de el menda |
Me trae el herradero el recuerdo de mi más subliminar infancia en “Los Romeros” de Brozas, clavados tengo en el alma más infantil el olor del pelo quemado, las voces quedas con ordenes precisas, la fuerza diestra de los hombres de campo, la seriedad estoica de los mayorales, el imponente espíritu de mis mayores, ganaderos y hombre de campos, más serios que un chopo, más firmes que una encina, más sabios que un profeta. Los sentidos se me tornan rancios y agudos hasta el dolor con aquellas sensaciones. Mañanas extremeñas de fríos, rudas y entrañables pellizas de pastor, entre dos luces, el café de puchero en la cocina de leña, la lumbre del trashoguero reciente…. Olores a pelo quemado, sabores a anginas en la candela, colores vivos de hierros candentes “nunca al rojo que se raja el pellejo” y el tacto infantil de mis manos entre las manos rugosas de los hombres del campo, el tacto suave del rabo del becerro, “agarra ahí, Javielito, que es donde hacen más fuerzas”, el tacto ardiente de la peligrosa y áspera soga de amarrar a la encina.
Gusto, olfato, vista y tacto, pero de todas las sensaciones del herradero, los sonidos los tengo clavados en el alma, los sonidos de la noche de vísperas, las viejas historias al pie de la chimenea, los ruidos metálicos de los viejos trastos de herrar, y luego, en el silencio sagrado de la noche, el berreo hondo de los chotos desahijados en el cercado, el grito de su pena, su hambre y su miedo. Y más lejos, el cansino sonido de las madres berreando su madura y reiterada impotencia en el campo abierto. Esa noche de preparos, de sueño incómodo, de vigilia desconfiada “no me vayan a dejar en la cama”, de sueños despiertos y realidades oníricas son mi infancia.
Aquellos eran tentaderos extremeños, de mansas, de morucho, de todas formas no os extrañe alguna lágrima al verme entrar en la mañana setembrina por el camino de Comeuñas, isla brava donde la familia Cuadri atesora la pureza de las formas, si me tiembla la memoria tribal al barruntar el mugido lastimero de la piara de machos apartados de sus madres. Es la forma de mojar estos recuerdos a flor de piel en mis sentidos y en el asiento trasero del coche mi hijo Manuel de apenas siete años, que, como la España moderna, ha perdido el sentido rural de sus ancestros.
Herradero
La religión del cuadrismo tiene en esta ceremonia del herradero su rito iniciático por naturaleza, los sumos sacerdotes, acólitos, monaguillos y hasta beatos de esta fe que acuden fieles a esta Meca del toro bravo. Debía hacerse obligatorio presenciar el rito al menos una vez en la vida, al estilo musulmán, para poder llamarse aficionado.
Otro grupo de gentes del entorno, gentes que desde hace sesenta años han estado alrededor de la casa Cuadri, los hijos y los nietos de los que se arrimaron en esos primeros tentaderos de Don Celestino. Luego la plana mayor de la casa, Fernando, Juan, Luis, Tino, Fernando, Antonio Abad. Además, desocupados que se percatan del asunto por la vieja técnica del macutazo y acuden en busca de un soplo de pureza campera. Por supuesto, la veterinaria, Inma, con su carpetón de papeles y formularios, incluso los guardias en su reluciente Patrol. Si a esto sumamos gentes que venimos a contarlo, la romería está completa.
Labor artesana
Como artesano del toro, versus a crianza del toro como industria del toro en serie y a granel, se define el ganadero onubense Gerardo Ortega. Le robamos la definición por que un artesano del toro es sin duda su paisano Cuadri. Y la artesanía comienza sin más demora ni enredo que un “buenos días” y algún chascarrillo irónico nacido de la retranca campera de Escobar. En torno a las nueve se echa mano a la tarea.
Las formas son antiguas, las gentes son las mismas de siempre, en esta casa sin quads, ni fundas, ni inventos, se sigue herrando “a dolor”, como dice en acertada definición el experto filólogo que es Gaspar. Para poder realizar esta faena de la forma tradicional hacen falta vaqueros de mil soles en el cuello cuarteado, caliqueño impenitente y zahones de tela, mayorales de voces secas, gentes del campo, hombres del toro, una familia especial y ganas de hacerlo, las que sobran en Cuadri y los que los rodean.
Al tajo
La veterinaria certifica y cuadra nombre, crotal y pelo.
Se sigue con las tradicionales señales de oreja a navaja, en Cuadri rabisaco en la derecha, despuntada la izquierda que realiza metódicamente en mayoral
Como en cualquier ceremonia ritual y mágica aparece el ancestral rito del fuego de la cultura mediterránea,
Todo es sincronizado en cuadrillas perfectas, dos que abren y cogen al choto, dos que manejan los hierros calientes, y atienden el fuego, Fernando e Inma que apuntan y comprueban en sus notas, Escobar que hace la señal de oreja y la veterinaria que se desdobla y aprovecha el manejo para desparasitar y vacunar a los becerros. Tarea finalizada.
Los toros del mañana
Luego se les da suelta. Desde hoy los machos y las hembras separan su destino. En esta presentación en sociedad, auténtico primer día de “cole” de los becerros los hay talludos y endebles, hasta ocho meses de diferencia, cada cual con un destino misterioso que nadie conoce y alguno se atreve a augurar “ese meleno de los zapateros es de Madrid, es un pavo” y su historia que el mayoral conoce desde antes de nacer, “mira que desgraciaito, el 4 va a ser, lo creí muerto aquella mañana de agua y viento y luego mira, los cojones que echa”
Sin prisas, sin pausas, el calor aprieta a partir de mediodía, hoy se trabaja por tarea, cuando se hierren los 45 hijos del 2010, se almorzará campero y a juir que viene la guardia.
La labor es ingrata, las posturas pesan, el calor se viene en ese 8 de septiembre y se van vaciando los corrales, a medida que los laterales diestros de los futuros toros se adornan con letras que son leyenda y números que son boletos de lotería, ¿A quien le tocará defender en Las Ventas el orgullo de la H que amasa una forma de criar toros bravos y de ser personas de bien? ¿Como saldrá ese 13 que siempre ha dado bueno en la casa? ¿Y el hijo de la Aviadora, el 18, hará el avión en La Maestranza?
¿Adios a una forma de ser ganadero?
La labor finaliza, misión cumplida, el campo bravo se perpetúa en si mismo, Cuadri mantiene las formas porque ama el fondo de verdad y pureza que ha heredado y quiere transmitir. La comida en grupoes un placer, descanso del jornalero, para las visitas un agasajo, la conversación es una enciclopedia, recuerden a quien tienen que arrimarse en estos saraos. La amplia mesa une ante la aristocrática caldereta preludiada de sardinas a los currantes, los mirones, el ambiente Cuadri y a tres generaciones de ganaderos, ¿Tres? Pregunta quien conoce el encaste. Si tres generaciones, todos percibimos, sentado en un amplio sillón a don Celestino,que observa orgulloso los últimos retazos de una forma de ser ganadero que supo inculcar a los suyos.
Salimos por el cercado que remata los toros que se lidiaran en Zaragoza en apenas un mes. Volvemos la vista a los becerros que deben tomar el testigo de mandones de la dehesa.
Las impresiones del día son bárbaras, sabemos que hemos estado en un lar de pureza brava y ganadera, de quizá no mucho recorrido temporal.
Mi hijo pequeño nunca olvidará, me encargo yo que ha estado presente en una labor secular, sobre todo porque se dedicó, junto a otros zagalones, a colocar bien el almiar de paja situado al sur de la casa, José Escobar siempre lo agradecerá,
como mi Manuel recordará un tiempo los picores de las pulgas de Cuadri, bravas y encastadas, como los toros de la H.
miércoles, 30 de junio de 2010
Grajal habla en el 2002 de las mujeres de los toreros
Están inmersas en un mundo machista que tradicionalmente les ha exigido mantenerse en un segundo plano y soportar, además de infidelidades, la presión que implica ser la esposa del “maestro”. Coincidiendo con el comienzo de la temporada taurina, María Ángeles Grajal, casada con el diestro Jaime Ostos y autora del libro “¡Va por ellas!”, reflexiona sobre su experiencia y la de otras mujeres en su misma situación.
Los cascos de caballo resuenan en el patio de cuadrillas. Se oyen los clarines y se abren las puertas del callejón de las plazas de toros en las ferias más madrugadoras de España –Castellón, Valencia, Sevilla...– donde los toreros se adelantan ceñidos en sus capotes de paseo, se miran y se desean fortuna al iniciar el paseíllo: ¡Suerte para todos!
Atrás han quedado los cuarteles de invierno: dehesas, cortijos, campos... Escenarios del entrenamiento y de la preparación física del torero, hogar al que llegan prolongados, desde el ruedo, los cambios emocionales que determinan la irregular personalidad del torero: la euforia o el decaimiento, la intranquilidad y la inseguridad en vísperas de las corridas de toros. Y nadie controla esta situación mejor que la esposa del torero aportándole el equilibrio necesario para que ni se le suban a la cabeza la adulación y los halagos del público, ni se venga abajo con las desilusiones del fracaso.
Desde la señá Gabriela hasta Eugenia Martínez de Irujo, un elenco extraordinario de mujeres forma un archivo histórico de generosidad y sacrificio, necesario para bregar con el carácter especial del diestro dispuesto a jugarse la vida delante del toro. Y, también, para lidiar la aventura de la convivencia conyugal con el héroe que el público espera en la plaza y al que la sociedad exige alardes de virilidad y de tenorio.
Tarea difícil conciliar amor, pasión, responsabilidad y equilibrio para una mujer casi siempre muy joven e inmadura que se casa deslumbrada por la arrogancia del torero y por el halo de gloria que rodea al triunfador. Asunto complicado para la joven que pronto se da cuenta de que el lote lleva implícita una enorme dosis de madurez para superar los obstáculos que se interponen entre ella y su torero.
Mujeres como Lola, Carmen, Gracia o Consuelo, pacientes esposas, dulces y comprensivas esposas, devotas de María Santísima, que se quedaban en casa rezando los días de corrida. Tardes de angustiosa espera, hincadas de rodillas en el oratorio de la casa ante el Gran Poder, el Cristo de los Gitanos, la Macarena, la Pilarica, la Virgen de los Reyes, la Esperanza... rezando, hasta que llegaba el telegrama o recibían la llamada telefónica anunciando que todo había ido bien. Porque si angustiosa es la cornada peor es el abucheo del público en una mala tarde, y si doloroso es hacer de terapeuta, mayor sufrimiento es hacer de paño de lágrimas y de apoyo en los baches del marido desilusionado. Y es tarea de la esposa rezar, comprender y sostener el ánimo del torero frustrado porque, cuando el diestro triunfa, el éxito sólo lo festeja con la cuadrilla y con sus partidarios...
“Cuando me casé, con i8 años, era muy difícil asimilar la responsabilidad de ser la mujer del torero que pasa de la euforia al decaimiento y al que, hundido, hay que transmitirle esperanzas, darle ánimos y ternura. Si la tarde fue triunfal, él llama por teléfono a casa para contarlo. De fondo se oyen las voces de alegría de los que llenan la habitación del hotel y que van a celebrar con él el éxito. Pero cuando las cosas se han torcido y no va nadie a verle, ahí estamos siempre las esposas para animarles”, asegura una de estas mujeres. “Te tiene que gustar mucho la vida en el campo o sacrificarte a ella porque es lo que más le conviene. Gastas tu juventud, ves a todas tus amigas que se divierten en la ciudad saliendo a cenar o de baile a las discotecas mientras que nosotras pasamos mucho tiempo en el campo”, afirma por su parte Feli Tarruella, señora de Dámaso González.
“A Carmen no le gustaba que viviéramos en el campo, pero para mantener nuestro nivel de vida, es decir, las fincas, las casas, los coches, los viajes... yo tenía que seguir toreando y cosechando éxitos. Y para triunfar delante de un toro hay que estar muy bien preparado físicamente, entrenar mucho y estar lo más alejado de las fiestas que se pueda”, me decía Paquirri en i982, recordando cómo empezaron las diferencias conyugales con Carmina Ordóñez.
En los años 50, 60 y 70, a las novias lorquianas, hijas de ganaderos, toreros y artistas, las siguieron señoritas de distinguidas familias adineradas, con apellidos de rancio abolengo, con herencia taurina, mujeres cultas y bellas que formaban el cartel femenino en torno al torero y suspiraban por los Vázquez, Ordóñez, Chamaco, Dominguín, Valencia, Ostos, Litri, Romero, El Viti, Camino, Puerta... Toreros que se enamoran de señoritas de buena familia, que estudian en caros colegios como requisito para una buena boda –y casarse con un torero lo era–, pese a la desconfianza y los impedimentos del padre de la novia hacia el futuro yerno.
“Hija, los toreros van a divertirse, hoy les gusta una y mañana otra, van a lo suyo”, dijeron los padres de Carmen Borrero cuando ella les confió su noviazgo con Chamaco. “Ea, niña, tú no puedes fiarte de un torero, bien sé yo que todos van a lo mismo y que se quieren entretener con todas”, le leyó la cartilla Pedro Luis García Carranza a su hija María, enamorada de Diego Puerta. “Mira Enrique, tú sabes como yo que los toreros para pasarlo bien tenemos muy cerca a muchas mujeres. Y comprenderás que yo no he educado a mi hija para que se la lleve cualquiera. Por ahí hay muchas para divertirte. A esta casa no vengas a hacer daño”, le dijo Victoriano Valencia a su futuro yerno, Enrique Ponce.
“Lo vuestro no puede salir bien, sois muy distintos, os separan muchas cosas, los toreros son gente de mal vivir”, le aconsejó el padre a la doctora Encarnación Rizo enamorada de Ángel Peralta. Ahí estaban Mercedes, Remedín, Carmen, Conchita, Ángeles, María... señoritas de buena familia fascinadas por el torero arrogante, bizarro, rico y famoso que las seduce desde el pedestal de la gloria. Y ellas, enamoradas, más sentimentales que lógicas, desde la balaustrada del palco de la plaza ponen un toque de modernidad en su abanico, ternura en su mirada para limar la aspereza de la lidia y se arman de coraje para superar los obstáculos familiares que se interpongan entre ellas y su torero, quien aportando una buena cuenta bancaria y otros enseres de corte material vence y convence a todo tipo de suegro.
Algunas esposas de toreros heredaron apellidos taurinos y el prestigio de la dinastía familiar. Ahí Carmen González Lucas –Carmen Dominguín–, sus hijas Carmen y Belén Ordóñez, sus sobrinas Lidia y Paty... Todas ellas tenían las papeletas suficientes para hacer feliz al torero por herencia y por la experiencia de haber vivido los entresijos taurinos fuera y dentro de la plaza. La primera, con el señorío de su origen, supo derramar más lisura que nadie sobre los capotes familiares de las dinastías Dominguín, por parte de padre, y Ordóñez, por parte del marido, asumiendo con elegancia los apellidos más ilustres de la historia taurina, estando siempre a la altura de herencia tan obligada y deseada.
Sin embargo, Carmen Ordóñez, su hija mayor, sin más oficio ni beneficio que el cheque-noviazgo-exclusiva desde su separación de Paquirri, no supo o no quiso estar a la altura de su madre, espléndida de corazón, coraje y belleza que nunca precisó aliviarse con la fama del padre, ni de los hermanos, ni del marido... Desde siempre, el torero triunfador y con fortuna ha buscado dar brillo a su dinero y a su popularidad casándose con la mujer que mejor encaje en sus sueños. Casi siempre, la que no hubiera deslumbrado sin los éxitos y no hubiese seducido sin la fascinación ni el halo de gloria que rodea al figura del toreo. A veces con más fortuna que él y con mayor abolengo, la más bella entre las bellas, misses y modelos, aristócratas, ganaderas, artistas...
AMORES EFÍMEROS, AMORES PASIONALES
El romance entre el torero y la artista tiene una larga historia. Algunos fueron tormentosos y efímeros, La Goya y Bombita, Celia Gámez y Juanito Belmonte, Carmen Ruiz Moragas y Rodolfo Gaona. Unos terminaron en boda pero mal y pronto, como Pastora Imperio y Rafael Gómez, El Gallo. Otros fueron felices como Concha Piquer y Antonio Márquez, Isabel Pantoja y Paquirri, Rocío Jurado y José Ortega Cano... El mundo del toro y el del cante ha unido a los hombres de coleta y a las mujeres artistas, ellos ateridos por la luz del escenario y las bambalinas, ellas fascinadas por el brillo de los caireles y de la seda, ambos inmersos en la magia del duende que protagoniza historias de amor prendidas en el ambiente popular y atrae el interés del público por una relación ajena.
La historia de amor entre Antonio Márquez y Concha Piquer, por ejemplo, tenía todos los ingredientes de arquetipo de leyenda. Los obstáculos del torero separado, la inexistencia del divorcio en una sociedad católica y puritana, acrecentaron la pasión amorosa prohibida con la artista (de voz extraordinaria y magnética personalidad) que se puso al mundo por montera e inició junto al torero una vida en común que duraría el resto de sus vidas. Contrajeron matrimonio civil en Montevideo, aunque no pudieron formalizarlo definitivamente en España hasta que se legalizó el divorcio.
Uno de los tópicos hechos realidad fue la sonada unión de Isabel Pantoja y Paquirri: la guapa tonadillera y el bizarro diestro andaluz. Noviazgo de doncella y torero despechado de anteriores amores, la boda de boato y película, el hijo varón, la fugacidad conyugal truncada por la muerte en el ruedo, viudez desgarrada por los escenarios...
Mujeres desconocedoras del mundo taurino, que de forma casual coinciden y se enamoran del famoso torero, adquieren afición por la Fiesta y conocimientos del toro para entender mejor la conducta del hombre y su entorno, en el que siempre va a vivir. La mujer del torero llega a formar parte del sector social taurino, conociendo a los demás diestros y a sus esposas, con las que no tiene mucho trato. Cuanto más figuras del toreo son, más competitivos se muestran al ejercer una profesión totalmente jerarquizada e individualizada. Porque, aunque van en cuadrilla, cada uno tiene bien delimitado su grado y sus funciones, marcando las distancias con el respeto, incluso, cuando existe la confianza y la amistad.
La esposa del torero aprende a desenvolverse con el apoderado, con el administrador, con el mozo de espadas, el ayuda y con la cuadrilla, gente con la que desarrolla su vida en el cortijo. Al tiempo, le está permitido extender su mundo, al salir de la dehesa, con las esposas de amigos muy allegados al torero, muy partidarios del matador al que siempre encumbran, adulan y obsequian porque casi siempre se trata de hombres adinerados a los que les gusta presumir de tener amigos relevantes y consideran al matador como el más de lo más.
Es frecuente que el torero conserve a través del tiempo, incluso retirado, los lazos de amistad profunda que le tienden entendidos del toro y grandes aficionados que se convierten en sus más fieles seguidores, dando muestras siempre de una lealtad que el figura valora hasta la muerte y que transmite a la esposa, casi siempre complaciente de nadar en aguas tan dulces. No faltan, sin embargo, personajes típicos y tópicos que se pegan a él como lapas para asegurarse diversión femenina, oficio que si es descubierto por la esposa del matador no parará hasta deshacerse de él, utilizando las mañas necesarias. A la mujer del torero se le despiertan aptitudes extraordinarias de intuición, de olfato y de ingenio, tal vez por estar rodeada de tanto pícaro como el que puebla el ambiente taurino. Y, a poco que lo intente, llega a mandar mucho aunque parezca que permanece en su segundo plano.
La mujer que adquiere extraordinario papel en la vida de un matador mientras permanece soltero es la madre. Se trata de mujeres nido, madres del rol que representa un hijo torero, madres de la primera mitad de siglo que adquirieron una relevancia inexorable en el ambiente del toro por el vínculo que les tiende el vástago con todo lo que él ha conseguido
toreando. Madres protectoras: “Hijo, esa mujer es una arpía, no te conviene para nada, te tiene descentrado”. Madres respetables: “Madre, desde ahora no te va a faltar de nada”. Madres afectadas por el dolor del niño que se juega la vida y madres que sobreviven por ello sin demasiadas presiones por parte de la sociedad machista e intolerante con la mujer, que sin embargo respeta a la progenitora y le permite disfrutar de las prebendas de su afamada e intachable maternidad.
La madre de Manolete, por ejemplo, veraneaba en San Sebastián en una confortable villa, gozaba de amistades muy ilustres y disponía de lujos mientras la mayoría de las madres españolas de su época malvivían atropelladas por el hambre de la posguerra, trabajando en el campo o de criadas, sin cultura y desconociendo la respetabilidad de su condición femenina.
En los años 80, llegan a la vida del torero mujeres modernas que toman mayor conciencia de personas que sus predecesoras y reivindican en sus derechos el pasaje trasatlántico que impone Carmen, la del Niño de la Capea. “¡El matador se lleva la parienta a América!”, exclamaban sorprendidos los hombres de la cuadrilla. Son esposas que acompañan al torero a América evitándole que permanezca tanto tiempo solo o en compañía de las atractivas
sudamericanas que desde siempre han aplacado las nostalgias del torero con ternura y amabilidad. Son esposas sumisas pero que dejaron su condición de Penélopes griegas y con paciencia y talento no se conformaron con pasar la vida calladas y a la sombra.
Son Feli, Mimi, Carmen, Lupe, Lidia, Marina, Yeyes, Mercedes, Patricia... las que rompen con el encierro en el hogar y trasladan su sumisión hasta la habitación del hotel donde ellos se visten de luces y en donde ellas aguardan rezando, haciendo ganchillo o leyendo a que regresen ilesos para compartir el triunfo o alentar en el fracaso, impidiendo que el torero se frustre en la humillante soledad de una poco lucida tarde.
Hasta bien entrados los años 80, las mujeres de los toreros –sacrificadas, devotas, sumisas y dignas ellas– reciben al casarse la lacerante consigna de la resignación en una sociedad donde el imperioso machismo de la gente de coleta y de su entorno hace alardes de la virilidad y del ego con escarceos amorosos que el público les aplaude, engordando el exceso de testosterona de los toreros ágiles en infidelidades con la esposa.
Hay muchas herederas de las Lolas, Cármenes, Conchas, Lucías... tratando de guardar las apariencias de estabilidad conyugal mientras Sánchez Mejías vivía un romance que nunca ocultó con La Argentinita, o como el Papa Negro en idilio apasionado con la cantante de ópera Tina di Lorenzo: “Divorciate Manolo y quédate conmigo, tengo suficiente dinero como para poner una renta a tu familia y que nos dejen tranquilos”. O como Lucía Bosé, que harta de vivir de finca en finca tras muchas polémicas, logró que Luis Miguel adquiriera la casa de Somosaguas donde ella procuraría formar un auténtico hogar del que su marido se distanciaba continuamente por los toros o por sus frecuentes escaramuzas amorosas.
MARIDOS INFIELES, ESPOSAS CELOSAS
A veces ha sido necesario desenfundar las armas de la autoestima para aliviarse del victimismo frente a las infidelidades del torero. ¿Qué mujer celosa –y yo lo soy– no ha rebuscado en el bolsillo del presunto marido infiel?... Yo me encontré, entre otros hallazgos de interés, con más de media docena de cartas firmadas por Lía Milán, viuda de Trujillo, que usando sus legítimas armas femeninas le recordaba a mi marido, Jaime Ostos, sus no lejanos días de amor y pasión, reprochándole haberla sustituido y pidiéndole que volviera cuanto antes a sus brazos... Esas cartas y otras curiosidades me pusieron en bandeja las razones contundentes para deshacer mi matrimonio por infidelidad. Ni perdoné a Jaime Ostos, ni me resigné a sus escarceos amorosos, ni acepté el pretendido dolor de sus pecados.
Apoyada en mis obligaciones profesionales como neumóloga y en la independencia económica desprendida de mi trabajo, me separé con impaciencia en marzo de i989 en contra de su voluntad, naturalmente. Dos años más tarde me concedieron el divorcio. El torero, sin resignarse a perderme, anduvo tres años luchando por reconquistarme, dando un importante cambio de tercio a su vida, mostrándome por naturales que podía ser otro. Así, rompiendo con todo lo que yo rechazaba y aceptando mis condiciones, derechos, libertades y propuestas no le fue difícil volver a enamorarme, quedando como quedaba el amor y la presencia de nuestro hijo Jacobo.
Después de tres años separados, en i992 analizamos y reflexionamos mucho la dura pero acertada decisión de volver a unir nuestras vidas... Me siento orgullosa de haber ofrecido a mi marido una segunda oportunidad tres años después de divorciarme y a la vista de su nueva actitud en la vida, enterrados sus alardes de machismo y su estandarte de mujeriego. Le transmito con todo el cariño mi experiencia a Eugenia Martínez de Irujo por si le sirve de algo en un futuro inmediato.
Separarse de un torero petulante, arrogante y mujeriego es un alarde de valentía de la esposa humillada, pero si el torero pega una larga cambiada y persiste el amor, reconciliarse con él es un alarde de coraje al alcance, únicamente, del talento de la mujer con la desenvoltura iconoclasta de su inteligencia.
Hasta hace poco tiempo, las esposas de los toreros de pelo en pecho no tenían más remedio que adquirir enormes dosis de resignación para hacer frente a las infidelidades del marido con dignidad por no atreverse a desafiarle y desmoronar la estabilidad conyugal aparente. La llegada de mujeres independientes y seductoras, que alternan el gimnasio con Internet, que siguen deslumbrándose con el torero que las enamora y alejadas de la mujer leyenda, sin dar al traste con la fascinación que continúa produciendo en la sociedad la relación sentimental con el torero, entierran la sumisión y el victimismo enarbolando sus derechos y sus libertades por encima de todos los tópicos aceptados.
Esa llegada de mujeres nuevas a la vida de toreros maduros con las que rehacen sus vidas –la doctora Rizo, Carmen Tello y yo misma, con Ángel Peralta, Curro Romero y Jaime Ostos, respectivamente– liberadas de ataduras históricas siniestras y opresivas, nos obliga a revisar las conductas masculinas del torero y mandar a hacer gárgaras a tanto modelo de macho bravío. Les dijimos que nos gustan valientes y arrogantes en el ruedo, pero sin lanzas, ni exhibiciones de atributos, héroes en los cosos taurinos pero que al quitarse el traje de luces colgaran su denominación de origen porque la mucha hombría acumulada en los viejos tíos machistas anda devaluada.
A estas alturas que nadie cuestione las trampas ni los mitos de la masculinidad de los toreros. Pero a sus esposas nos ocurre lo que a los maridos de Marilyn Monroe, que se enamoraban de su frivolidad y sin embargo luego querían cambiarla a toda costa. Las mujeres de los toreros nos enamoramos del héroe, narciso, arrogante, dominador, autodidacta, quijote, donjuan y luego queremos que cambie... Ese es nuestro tremendo dilema. ¡Qué gran contradicción en nuestras vidas!
Las “nuevas”
Las mujeres han ocupado a lo largo de toda la historia un papel muy importante en la vida del torero. Pero con el paso del tiempo esa relación ha ido evolucionando y los logros que la mujer iba obteniendo en cualquier otra actividad también se han visto reflejados en sus vidas.
Paloma Cuevas, de 29 años, esposa de Enrique Ponce, es un ejemplo de mujer de hoy, pero criada en las arcaicas tradiciones del mundo del toro, herencia de su padre, el empresario Vcitoriano Valencia. Tras estudiar Empresariales y especializarse en Estados Unidos, su matrimonio le cambió la vida, pasando a depender en gran medida de la carrera de su marido. Suele acompañar a Ponce por toda España para evitar así la soledad permanente a la que se ven abocadas las mujeres de los diestros. Pero jamás va a la plaza. Ni siquiera le gusta ir a los tentaderos. Le espera en el hotel para cenar juntos.
Arantxa del Sol, sin embargo, no ha abandonado ninguna de sus ocupaciones tras su boda con Finito de Córdoba; y sólo el nacimiento del primer hijo de la pareja va a lograr apartarla un poco del trabajo. Modelo, actriz, presentadora y empresaria, la vida de Arantxa ha estado siempre acompañada de las cámaras de televisión y los flashes. Muy aficionada a los toros, hasta su boda iba a ver a Finito muy a menudo, pero desde entonces únicamente presencia los festivales y festejos menores. Las separaciones son habituales en la pareja. Su trabajo no le permite viajar nada más que en casos excepcionales junto a su marido.
Julián López, El Juli, no ha sentido aún la llamada del amor. A sus 19 años, su madre es la figura femenina más importante en su vida. Y sobre ella ha dicho: “Es la que mejor me entiende y me cuida. Una mujer como ella sería la ideal aunque, claro, madre no hay más que una”. Y admiración y pasión es también lo que siente Manoli Escobar por su hijo, al que sigue por los ruedos de España y América. Especialmente cuando llega el buen tiempo, son pocas las tardes en las que esta madre no disfruta de cada lance o cada par de banderillas de su vástago. Pero no es únicamente esta afición taurina lo que la hace seguir los pasos de Julián. Tras la corrida, nada de grandes restaurantes. A El Juli le vuelven loco los platos que su madre le prepara, especialmente la pasta, y pocas cosas le reconfortan más después del esfuerzo realizado en la plaza. Seguro que no hay torero más mimado.
A Rocío Jurado, de 57 años, el matrimonio con un torero de la talla de Ortega Cano volvió a catapultarla a las portadas de toda la prensa rosa. Pero este mundo no era algo desconocido para la chipionera. Su profesión, su primer matrimonio con el boxeador Pedro Carrasco y la vida sentimental de su hija la han mantenido siempre en una relación de amistad-odio con los periodistas. Muy aficionada también a los toros, puede vérsela en la barrera de cualquier plaza donde se presente su marido, e incluso es habitual que él le brinde la muerte de alguno de sus morlacos. El hecho de que la carrera de Ortega esté ya en su última etapa, hace que puedan pasar más tiempo juntos, siempre en su finca de La Yerbabuena
Los cascos de caballo resuenan en el patio de cuadrillas. Se oyen los clarines y se abren las puertas del callejón de las plazas de toros en las ferias más madrugadoras de España –Castellón, Valencia, Sevilla...– donde los toreros se adelantan ceñidos en sus capotes de paseo, se miran y se desean fortuna al iniciar el paseíllo: ¡Suerte para todos!
Atrás han quedado los cuarteles de invierno: dehesas, cortijos, campos... Escenarios del entrenamiento y de la preparación física del torero, hogar al que llegan prolongados, desde el ruedo, los cambios emocionales que determinan la irregular personalidad del torero: la euforia o el decaimiento, la intranquilidad y la inseguridad en vísperas de las corridas de toros. Y nadie controla esta situación mejor que la esposa del torero aportándole el equilibrio necesario para que ni se le suban a la cabeza la adulación y los halagos del público, ni se venga abajo con las desilusiones del fracaso.
Desde la señá Gabriela hasta Eugenia Martínez de Irujo, un elenco extraordinario de mujeres forma un archivo histórico de generosidad y sacrificio, necesario para bregar con el carácter especial del diestro dispuesto a jugarse la vida delante del toro. Y, también, para lidiar la aventura de la convivencia conyugal con el héroe que el público espera en la plaza y al que la sociedad exige alardes de virilidad y de tenorio.
Tarea difícil conciliar amor, pasión, responsabilidad y equilibrio para una mujer casi siempre muy joven e inmadura que se casa deslumbrada por la arrogancia del torero y por el halo de gloria que rodea al triunfador. Asunto complicado para la joven que pronto se da cuenta de que el lote lleva implícita una enorme dosis de madurez para superar los obstáculos que se interponen entre ella y su torero.
Mujeres como Lola, Carmen, Gracia o Consuelo, pacientes esposas, dulces y comprensivas esposas, devotas de María Santísima, que se quedaban en casa rezando los días de corrida. Tardes de angustiosa espera, hincadas de rodillas en el oratorio de la casa ante el Gran Poder, el Cristo de los Gitanos, la Macarena, la Pilarica, la Virgen de los Reyes, la Esperanza... rezando, hasta que llegaba el telegrama o recibían la llamada telefónica anunciando que todo había ido bien. Porque si angustiosa es la cornada peor es el abucheo del público en una mala tarde, y si doloroso es hacer de terapeuta, mayor sufrimiento es hacer de paño de lágrimas y de apoyo en los baches del marido desilusionado. Y es tarea de la esposa rezar, comprender y sostener el ánimo del torero frustrado porque, cuando el diestro triunfa, el éxito sólo lo festeja con la cuadrilla y con sus partidarios...
“Cuando me casé, con i8 años, era muy difícil asimilar la responsabilidad de ser la mujer del torero que pasa de la euforia al decaimiento y al que, hundido, hay que transmitirle esperanzas, darle ánimos y ternura. Si la tarde fue triunfal, él llama por teléfono a casa para contarlo. De fondo se oyen las voces de alegría de los que llenan la habitación del hotel y que van a celebrar con él el éxito. Pero cuando las cosas se han torcido y no va nadie a verle, ahí estamos siempre las esposas para animarles”, asegura una de estas mujeres. “Te tiene que gustar mucho la vida en el campo o sacrificarte a ella porque es lo que más le conviene. Gastas tu juventud, ves a todas tus amigas que se divierten en la ciudad saliendo a cenar o de baile a las discotecas mientras que nosotras pasamos mucho tiempo en el campo”, afirma por su parte Feli Tarruella, señora de Dámaso González.
“A Carmen no le gustaba que viviéramos en el campo, pero para mantener nuestro nivel de vida, es decir, las fincas, las casas, los coches, los viajes... yo tenía que seguir toreando y cosechando éxitos. Y para triunfar delante de un toro hay que estar muy bien preparado físicamente, entrenar mucho y estar lo más alejado de las fiestas que se pueda”, me decía Paquirri en i982, recordando cómo empezaron las diferencias conyugales con Carmina Ordóñez.
En los años 50, 60 y 70, a las novias lorquianas, hijas de ganaderos, toreros y artistas, las siguieron señoritas de distinguidas familias adineradas, con apellidos de rancio abolengo, con herencia taurina, mujeres cultas y bellas que formaban el cartel femenino en torno al torero y suspiraban por los Vázquez, Ordóñez, Chamaco, Dominguín, Valencia, Ostos, Litri, Romero, El Viti, Camino, Puerta... Toreros que se enamoran de señoritas de buena familia, que estudian en caros colegios como requisito para una buena boda –y casarse con un torero lo era–, pese a la desconfianza y los impedimentos del padre de la novia hacia el futuro yerno.
“Hija, los toreros van a divertirse, hoy les gusta una y mañana otra, van a lo suyo”, dijeron los padres de Carmen Borrero cuando ella les confió su noviazgo con Chamaco. “Ea, niña, tú no puedes fiarte de un torero, bien sé yo que todos van a lo mismo y que se quieren entretener con todas”, le leyó la cartilla Pedro Luis García Carranza a su hija María, enamorada de Diego Puerta. “Mira Enrique, tú sabes como yo que los toreros para pasarlo bien tenemos muy cerca a muchas mujeres. Y comprenderás que yo no he educado a mi hija para que se la lleve cualquiera. Por ahí hay muchas para divertirte. A esta casa no vengas a hacer daño”, le dijo Victoriano Valencia a su futuro yerno, Enrique Ponce.
“Lo vuestro no puede salir bien, sois muy distintos, os separan muchas cosas, los toreros son gente de mal vivir”, le aconsejó el padre a la doctora Encarnación Rizo enamorada de Ángel Peralta. Ahí estaban Mercedes, Remedín, Carmen, Conchita, Ángeles, María... señoritas de buena familia fascinadas por el torero arrogante, bizarro, rico y famoso que las seduce desde el pedestal de la gloria. Y ellas, enamoradas, más sentimentales que lógicas, desde la balaustrada del palco de la plaza ponen un toque de modernidad en su abanico, ternura en su mirada para limar la aspereza de la lidia y se arman de coraje para superar los obstáculos familiares que se interpongan entre ellas y su torero, quien aportando una buena cuenta bancaria y otros enseres de corte material vence y convence a todo tipo de suegro.
Algunas esposas de toreros heredaron apellidos taurinos y el prestigio de la dinastía familiar. Ahí Carmen González Lucas –Carmen Dominguín–, sus hijas Carmen y Belén Ordóñez, sus sobrinas Lidia y Paty... Todas ellas tenían las papeletas suficientes para hacer feliz al torero por herencia y por la experiencia de haber vivido los entresijos taurinos fuera y dentro de la plaza. La primera, con el señorío de su origen, supo derramar más lisura que nadie sobre los capotes familiares de las dinastías Dominguín, por parte de padre, y Ordóñez, por parte del marido, asumiendo con elegancia los apellidos más ilustres de la historia taurina, estando siempre a la altura de herencia tan obligada y deseada.
Sin embargo, Carmen Ordóñez, su hija mayor, sin más oficio ni beneficio que el cheque-noviazgo-exclusiva desde su separación de Paquirri, no supo o no quiso estar a la altura de su madre, espléndida de corazón, coraje y belleza que nunca precisó aliviarse con la fama del padre, ni de los hermanos, ni del marido... Desde siempre, el torero triunfador y con fortuna ha buscado dar brillo a su dinero y a su popularidad casándose con la mujer que mejor encaje en sus sueños. Casi siempre, la que no hubiera deslumbrado sin los éxitos y no hubiese seducido sin la fascinación ni el halo de gloria que rodea al figura del toreo. A veces con más fortuna que él y con mayor abolengo, la más bella entre las bellas, misses y modelos, aristócratas, ganaderas, artistas...
AMORES EFÍMEROS, AMORES PASIONALES
El romance entre el torero y la artista tiene una larga historia. Algunos fueron tormentosos y efímeros, La Goya y Bombita, Celia Gámez y Juanito Belmonte, Carmen Ruiz Moragas y Rodolfo Gaona. Unos terminaron en boda pero mal y pronto, como Pastora Imperio y Rafael Gómez, El Gallo. Otros fueron felices como Concha Piquer y Antonio Márquez, Isabel Pantoja y Paquirri, Rocío Jurado y José Ortega Cano... El mundo del toro y el del cante ha unido a los hombres de coleta y a las mujeres artistas, ellos ateridos por la luz del escenario y las bambalinas, ellas fascinadas por el brillo de los caireles y de la seda, ambos inmersos en la magia del duende que protagoniza historias de amor prendidas en el ambiente popular y atrae el interés del público por una relación ajena.
La historia de amor entre Antonio Márquez y Concha Piquer, por ejemplo, tenía todos los ingredientes de arquetipo de leyenda. Los obstáculos del torero separado, la inexistencia del divorcio en una sociedad católica y puritana, acrecentaron la pasión amorosa prohibida con la artista (de voz extraordinaria y magnética personalidad) que se puso al mundo por montera e inició junto al torero una vida en común que duraría el resto de sus vidas. Contrajeron matrimonio civil en Montevideo, aunque no pudieron formalizarlo definitivamente en España hasta que se legalizó el divorcio.
Uno de los tópicos hechos realidad fue la sonada unión de Isabel Pantoja y Paquirri: la guapa tonadillera y el bizarro diestro andaluz. Noviazgo de doncella y torero despechado de anteriores amores, la boda de boato y película, el hijo varón, la fugacidad conyugal truncada por la muerte en el ruedo, viudez desgarrada por los escenarios...
Mujeres desconocedoras del mundo taurino, que de forma casual coinciden y se enamoran del famoso torero, adquieren afición por la Fiesta y conocimientos del toro para entender mejor la conducta del hombre y su entorno, en el que siempre va a vivir. La mujer del torero llega a formar parte del sector social taurino, conociendo a los demás diestros y a sus esposas, con las que no tiene mucho trato. Cuanto más figuras del toreo son, más competitivos se muestran al ejercer una profesión totalmente jerarquizada e individualizada. Porque, aunque van en cuadrilla, cada uno tiene bien delimitado su grado y sus funciones, marcando las distancias con el respeto, incluso, cuando existe la confianza y la amistad.
La esposa del torero aprende a desenvolverse con el apoderado, con el administrador, con el mozo de espadas, el ayuda y con la cuadrilla, gente con la que desarrolla su vida en el cortijo. Al tiempo, le está permitido extender su mundo, al salir de la dehesa, con las esposas de amigos muy allegados al torero, muy partidarios del matador al que siempre encumbran, adulan y obsequian porque casi siempre se trata de hombres adinerados a los que les gusta presumir de tener amigos relevantes y consideran al matador como el más de lo más.
Es frecuente que el torero conserve a través del tiempo, incluso retirado, los lazos de amistad profunda que le tienden entendidos del toro y grandes aficionados que se convierten en sus más fieles seguidores, dando muestras siempre de una lealtad que el figura valora hasta la muerte y que transmite a la esposa, casi siempre complaciente de nadar en aguas tan dulces. No faltan, sin embargo, personajes típicos y tópicos que se pegan a él como lapas para asegurarse diversión femenina, oficio que si es descubierto por la esposa del matador no parará hasta deshacerse de él, utilizando las mañas necesarias. A la mujer del torero se le despiertan aptitudes extraordinarias de intuición, de olfato y de ingenio, tal vez por estar rodeada de tanto pícaro como el que puebla el ambiente taurino. Y, a poco que lo intente, llega a mandar mucho aunque parezca que permanece en su segundo plano.
La mujer que adquiere extraordinario papel en la vida de un matador mientras permanece soltero es la madre. Se trata de mujeres nido, madres del rol que representa un hijo torero, madres de la primera mitad de siglo que adquirieron una relevancia inexorable en el ambiente del toro por el vínculo que les tiende el vástago con todo lo que él ha conseguido
toreando. Madres protectoras: “Hijo, esa mujer es una arpía, no te conviene para nada, te tiene descentrado”. Madres respetables: “Madre, desde ahora no te va a faltar de nada”. Madres afectadas por el dolor del niño que se juega la vida y madres que sobreviven por ello sin demasiadas presiones por parte de la sociedad machista e intolerante con la mujer, que sin embargo respeta a la progenitora y le permite disfrutar de las prebendas de su afamada e intachable maternidad.
La madre de Manolete, por ejemplo, veraneaba en San Sebastián en una confortable villa, gozaba de amistades muy ilustres y disponía de lujos mientras la mayoría de las madres españolas de su época malvivían atropelladas por el hambre de la posguerra, trabajando en el campo o de criadas, sin cultura y desconociendo la respetabilidad de su condición femenina.
En los años 80, llegan a la vida del torero mujeres modernas que toman mayor conciencia de personas que sus predecesoras y reivindican en sus derechos el pasaje trasatlántico que impone Carmen, la del Niño de la Capea. “¡El matador se lleva la parienta a América!”, exclamaban sorprendidos los hombres de la cuadrilla. Son esposas que acompañan al torero a América evitándole que permanezca tanto tiempo solo o en compañía de las atractivas
sudamericanas que desde siempre han aplacado las nostalgias del torero con ternura y amabilidad. Son esposas sumisas pero que dejaron su condición de Penélopes griegas y con paciencia y talento no se conformaron con pasar la vida calladas y a la sombra.
Son Feli, Mimi, Carmen, Lupe, Lidia, Marina, Yeyes, Mercedes, Patricia... las que rompen con el encierro en el hogar y trasladan su sumisión hasta la habitación del hotel donde ellos se visten de luces y en donde ellas aguardan rezando, haciendo ganchillo o leyendo a que regresen ilesos para compartir el triunfo o alentar en el fracaso, impidiendo que el torero se frustre en la humillante soledad de una poco lucida tarde.
Hasta bien entrados los años 80, las mujeres de los toreros –sacrificadas, devotas, sumisas y dignas ellas– reciben al casarse la lacerante consigna de la resignación en una sociedad donde el imperioso machismo de la gente de coleta y de su entorno hace alardes de la virilidad y del ego con escarceos amorosos que el público les aplaude, engordando el exceso de testosterona de los toreros ágiles en infidelidades con la esposa.
Hay muchas herederas de las Lolas, Cármenes, Conchas, Lucías... tratando de guardar las apariencias de estabilidad conyugal mientras Sánchez Mejías vivía un romance que nunca ocultó con La Argentinita, o como el Papa Negro en idilio apasionado con la cantante de ópera Tina di Lorenzo: “Divorciate Manolo y quédate conmigo, tengo suficiente dinero como para poner una renta a tu familia y que nos dejen tranquilos”. O como Lucía Bosé, que harta de vivir de finca en finca tras muchas polémicas, logró que Luis Miguel adquiriera la casa de Somosaguas donde ella procuraría formar un auténtico hogar del que su marido se distanciaba continuamente por los toros o por sus frecuentes escaramuzas amorosas.
MARIDOS INFIELES, ESPOSAS CELOSAS
A veces ha sido necesario desenfundar las armas de la autoestima para aliviarse del victimismo frente a las infidelidades del torero. ¿Qué mujer celosa –y yo lo soy– no ha rebuscado en el bolsillo del presunto marido infiel?... Yo me encontré, entre otros hallazgos de interés, con más de media docena de cartas firmadas por Lía Milán, viuda de Trujillo, que usando sus legítimas armas femeninas le recordaba a mi marido, Jaime Ostos, sus no lejanos días de amor y pasión, reprochándole haberla sustituido y pidiéndole que volviera cuanto antes a sus brazos... Esas cartas y otras curiosidades me pusieron en bandeja las razones contundentes para deshacer mi matrimonio por infidelidad. Ni perdoné a Jaime Ostos, ni me resigné a sus escarceos amorosos, ni acepté el pretendido dolor de sus pecados.
Apoyada en mis obligaciones profesionales como neumóloga y en la independencia económica desprendida de mi trabajo, me separé con impaciencia en marzo de i989 en contra de su voluntad, naturalmente. Dos años más tarde me concedieron el divorcio. El torero, sin resignarse a perderme, anduvo tres años luchando por reconquistarme, dando un importante cambio de tercio a su vida, mostrándome por naturales que podía ser otro. Así, rompiendo con todo lo que yo rechazaba y aceptando mis condiciones, derechos, libertades y propuestas no le fue difícil volver a enamorarme, quedando como quedaba el amor y la presencia de nuestro hijo Jacobo.
Después de tres años separados, en i992 analizamos y reflexionamos mucho la dura pero acertada decisión de volver a unir nuestras vidas... Me siento orgullosa de haber ofrecido a mi marido una segunda oportunidad tres años después de divorciarme y a la vista de su nueva actitud en la vida, enterrados sus alardes de machismo y su estandarte de mujeriego. Le transmito con todo el cariño mi experiencia a Eugenia Martínez de Irujo por si le sirve de algo en un futuro inmediato.
Separarse de un torero petulante, arrogante y mujeriego es un alarde de valentía de la esposa humillada, pero si el torero pega una larga cambiada y persiste el amor, reconciliarse con él es un alarde de coraje al alcance, únicamente, del talento de la mujer con la desenvoltura iconoclasta de su inteligencia.
Hasta hace poco tiempo, las esposas de los toreros de pelo en pecho no tenían más remedio que adquirir enormes dosis de resignación para hacer frente a las infidelidades del marido con dignidad por no atreverse a desafiarle y desmoronar la estabilidad conyugal aparente. La llegada de mujeres independientes y seductoras, que alternan el gimnasio con Internet, que siguen deslumbrándose con el torero que las enamora y alejadas de la mujer leyenda, sin dar al traste con la fascinación que continúa produciendo en la sociedad la relación sentimental con el torero, entierran la sumisión y el victimismo enarbolando sus derechos y sus libertades por encima de todos los tópicos aceptados.
Esa llegada de mujeres nuevas a la vida de toreros maduros con las que rehacen sus vidas –la doctora Rizo, Carmen Tello y yo misma, con Ángel Peralta, Curro Romero y Jaime Ostos, respectivamente– liberadas de ataduras históricas siniestras y opresivas, nos obliga a revisar las conductas masculinas del torero y mandar a hacer gárgaras a tanto modelo de macho bravío. Les dijimos que nos gustan valientes y arrogantes en el ruedo, pero sin lanzas, ni exhibiciones de atributos, héroes en los cosos taurinos pero que al quitarse el traje de luces colgaran su denominación de origen porque la mucha hombría acumulada en los viejos tíos machistas anda devaluada.
A estas alturas que nadie cuestione las trampas ni los mitos de la masculinidad de los toreros. Pero a sus esposas nos ocurre lo que a los maridos de Marilyn Monroe, que se enamoraban de su frivolidad y sin embargo luego querían cambiarla a toda costa. Las mujeres de los toreros nos enamoramos del héroe, narciso, arrogante, dominador, autodidacta, quijote, donjuan y luego queremos que cambie... Ese es nuestro tremendo dilema. ¡Qué gran contradicción en nuestras vidas!
Las “nuevas”
Las mujeres han ocupado a lo largo de toda la historia un papel muy importante en la vida del torero. Pero con el paso del tiempo esa relación ha ido evolucionando y los logros que la mujer iba obteniendo en cualquier otra actividad también se han visto reflejados en sus vidas.
Paloma Cuevas, de 29 años, esposa de Enrique Ponce, es un ejemplo de mujer de hoy, pero criada en las arcaicas tradiciones del mundo del toro, herencia de su padre, el empresario Vcitoriano Valencia. Tras estudiar Empresariales y especializarse en Estados Unidos, su matrimonio le cambió la vida, pasando a depender en gran medida de la carrera de su marido. Suele acompañar a Ponce por toda España para evitar así la soledad permanente a la que se ven abocadas las mujeres de los diestros. Pero jamás va a la plaza. Ni siquiera le gusta ir a los tentaderos. Le espera en el hotel para cenar juntos.
Arantxa del Sol, sin embargo, no ha abandonado ninguna de sus ocupaciones tras su boda con Finito de Córdoba; y sólo el nacimiento del primer hijo de la pareja va a lograr apartarla un poco del trabajo. Modelo, actriz, presentadora y empresaria, la vida de Arantxa ha estado siempre acompañada de las cámaras de televisión y los flashes. Muy aficionada a los toros, hasta su boda iba a ver a Finito muy a menudo, pero desde entonces únicamente presencia los festivales y festejos menores. Las separaciones son habituales en la pareja. Su trabajo no le permite viajar nada más que en casos excepcionales junto a su marido.
Julián López, El Juli, no ha sentido aún la llamada del amor. A sus 19 años, su madre es la figura femenina más importante en su vida. Y sobre ella ha dicho: “Es la que mejor me entiende y me cuida. Una mujer como ella sería la ideal aunque, claro, madre no hay más que una”. Y admiración y pasión es también lo que siente Manoli Escobar por su hijo, al que sigue por los ruedos de España y América. Especialmente cuando llega el buen tiempo, son pocas las tardes en las que esta madre no disfruta de cada lance o cada par de banderillas de su vástago. Pero no es únicamente esta afición taurina lo que la hace seguir los pasos de Julián. Tras la corrida, nada de grandes restaurantes. A El Juli le vuelven loco los platos que su madre le prepara, especialmente la pasta, y pocas cosas le reconfortan más después del esfuerzo realizado en la plaza. Seguro que no hay torero más mimado.
A Rocío Jurado, de 57 años, el matrimonio con un torero de la talla de Ortega Cano volvió a catapultarla a las portadas de toda la prensa rosa. Pero este mundo no era algo desconocido para la chipionera. Su profesión, su primer matrimonio con el boxeador Pedro Carrasco y la vida sentimental de su hija la han mantenido siempre en una relación de amistad-odio con los periodistas. Muy aficionada también a los toros, puede vérsela en la barrera de cualquier plaza donde se presente su marido, e incluso es habitual que él le brinde la muerte de alguno de sus morlacos. El hecho de que la carrera de Ortega esté ya en su última etapa, hace que puedan pasar más tiempo juntos, siempre en su finca de La Yerbabuena
sábado, 26 de junio de 2010
Miguel Carrasco. Vuelve para sorprender.
El torero onubense quiere reaparecer en La Antilla el día 17 después no volver a torear de luces desde el día de su alternativa, hace quince años.
Volver, el mito del eterno retorno, la lucha del hombre contra ese concepto sujetivo y alejado de las reglas científicas del empirismo que es el tiempo. Volver, que quince años no es nada, volver, en un deseo de arreglar los flecos dejados sueltos hace tres lustros, los flecos de la ilusión de quien se siente torero. Volver para mirarse el alma de quien nunca fracasó por que nunca dejo de luchar. Una lucha contra el olvido `ropio y ajeno.
Curiosamente nos encontramos con Miguel en un retienta campera, en la Finca la Torre donde pasta la ganadería de nuestro amigo Marcelino Acosta., La retienta es una faena donde lo se vuelve a probar la bravura, se repite el examen aprobado en la infancia vacuna, Las vacas recuerdan, saben latín, sólo la que tiene nobleza superlativa, sufre un día tonto o memoria frágil tienen algún pase que robar a base de quietud.. En medio de tornillazos, embestidas al pecho, ganas de levantar al torero del suelo y sustos, sale una Fantasma del año de la Expo que se deja y ahí Miguel nos muestra su tauromaquia, de reposada forma, largo trazo y concepto puro
Leíamos un intenso librito, librito por su encuadernación minimalista y de bolsillo, Cometas en el Cielo, me dicen que ya hay película oscarizada, pero nosotros somos como los ratones, siempre nos gusta más el libro. El autor afgano Khaled Hosseini se sustrae a la llegada maldita de los talibanes para hablar de la necesidad imperiosa de un hombre que no dejará de ser niño hasta que pueda volver a la infancia para desfazer entuertos y curar las heridas que la vida no deja cicatrizar Luchar por no olvidar incluso lo indigno era el motivo vital del protagonista.
La vida siempre alienta abriendo complicados caminos de vuelta hacia el corazón de un niño. Miguel Carrasco andaba hace tiempo buscando ese camino, el que le permitiese retomar la historia interrumpida, digna y brillante en su caso, un día en Cortegana, de Burdeos y oro, con Cepeda de padrino y Pauloba de testigo de lo que hubiera debido ser el inicio de algo y a poco se convierte en el colofón de una valiente historia de otro más que se queda en el camino.
Encontramos a Miguel con la limpidez en sus ojos que solo pueden tener los niños, el hombre discreto que sabe quien es, que quiere en este momento y cual es el camino para conseguirlo.
¿Vuelves Miguel?
Si. Ya tengo fecha, cartel, un traje de luces, el mismo del último día en Cortegana, ¡sin arreglar, que quepo perfecto! (dice orgulloso de su estado de forma). Los tengo convencidos en casa y mi ilusión y los trastos preparados. Vuelvo para quedarme
Por que y Para que vuelve Miguel Carrasco a los toros.
Por que quiero sentirme torero. Vuelvo para sentirme torero, para triunfar, vuelvo con todas las consecuencias, sin red, quiero volver a vivir en torero, a estar en plazas en las que ya estuve de novillero, La Merced, La Maestranza, Las Ventas. Vuelvo para vivir en torero.
Pero tú sabes cómo está de difícil esto del toro, ¿Que tiene Miguel Carrasco que no tengan otros y que tienes ahora que no tuvieras hace quince años?
Tengo madurez, lo veo claro, me siento importante, con sabor añejo, en sazón, reposado, maduro. Creo que puedo aportar mi concepto, mi personalidad, mi sentimiento.
¿Que quieres que suceda en la Antilla el día 17?
Voy a sorprender, tengo que sorprender, la gente va a salir hablando de Miguel Carrasco, de que es distinto, que no se parece a nadie. Estos días he llamado a ganaderos, a gentes del toro, no he tenido que explicar quien soy, eso es importante, se acuerdan de aquel chaval, se acuerdan y me respetan. Pues yo quiero que esos que me respetan me vuelvan a ver como torero y los que no me conozcan, que se sorprendan, que vean un torero que tiene que decir cosas. Quiero que haya un run run en toda la gente del toro, que digan los profesionales, los toreros, los ganaderos y claro los empresarios “hay que ver a Miguel Carrasco”
Miedo
Sólo al fracaso, a no estar bien a no poder. Pero se que no va a ser el caso. Miedo a que me salgan dos toros que no me dejen expresarme. Por lo demás, miedo a nada.
¿Ni siquiera temes a que alguien te tilde de majareta?
No, mira, otras veces que he querido volver, por que esto no es de ahora ¿sabes?, pues otras veces si que me he parado en esas cosas. Ahora no, ahora ha sido todo positivo, los aficionados que me encuentro, la gente del toro, todos me han dicho que tire “p´alante”. Majareta es quien no tiene argumentos, quien pierde el norte, sencillamente no es el caso. Yo puedo resolver cualquier papeleta delante del toro.
Fuiste uno más de la revolución. Te apoderó en tu etapa de novillero el Comandante (Paco Dorado) ¿Como era Dorado?
Un hombre del toro, sabe cuidar al torero, sabe llevarlo, respeta los conceptos, es capaz de coger a un chaval sin caballos y ponerlo en figura, de principio a fin, sabe hacer un torero, Manuel Díaz “El Cordobés”, es un ejemplo. Yo estuve allí, Dorado me ayudó mucho, pero al final apostó por Manuel. No me quejo de nada.
¿Quien te ayuda ahora?
Ahora es distinto, no me es tan necesario un hombre al lado para empezar, ya estoy hecho como persona. Me ayudan mis amigos. Me va a poner gente con las que nos conocemos hace tiempo. Luego ya se verá.
¿Cuando te volverías a ir? ¿Manejas la palabra fracaso?
Ni me lo planteo, vuelvo para quedarme, para buscarme un sitio en el escalafón, fracasar es no intentarlo. Este año de crisis lo fácil hubiera sido poner excusas y quedarse en casa, lo fácil sería decir que vuelvo para torear para mi, ver que pasa. En intentar lo difícil no se puede fracasar. Estos años he soñado muchas noches que estaba toreando, que cuajaba el toro perfecto, que lo mataba. Ahora tengo el privilegio de volver a soñar despierto, de hacerlo en la plaza. No voy a desaprovechar la oportunidad.
¿Se olvida torear?
Nunca. Yo eche los dientes toreando, he entrenado miles de días, he toreado mucho, cinco tardes en Sevilla, Madrid, Las Colombinas, tenía ambiente, toreé en todas las plazas de la provincia. El primer día que fui a entrenar me sentía raro, al segundo rompí a hacerlo con naturalidad, al tercer día era un hábito, ahora lo necesito, vuelve a ser una necesidad.
¿Como lo dijiste en casa?
Con naturalidad, mi mujer, mis hijas, mi padre, mis amigos, saben que yo me siento torero, que si lo vuelvo al toro es por que me siento con fuerzas para hacerlo. Me apoyan, por lo menos eso percibo, aunque entiendo que es una faena para los que me quieren.
De cara al 17 en La Antilla y para el resto de esta singladura ¿Que te deseamos, Suerte o Justicia?
A estas alturas de la vida uno sabe que sin suerte no hay nada fácil pero que la única verdad del toreo en un capote, una muleta, una espada y ligarle a un toro veinte pases de pureza y verdad. Deséame todo, suerte, justicia y que los empresarios me pongan ahora, luego Miguel Carrasco se buscará el sitio que merezca en el toro.
El torero onubense quiere reaparecer en La Antilla el día 17 después no volver a torear de luces desde el día de su alternativa, hace quince años.
Volver, el mito del eterno retorno, la lucha del hombre contra ese concepto sujetivo y alejado de las reglas científicas del empirismo que es el tiempo. Volver, que quince años no es nada, volver, en un deseo de arreglar los flecos dejados sueltos hace tres lustros, los flecos de la ilusión de quien se siente torero. Volver para mirarse el alma de quien nunca fracasó por que nunca dejo de luchar. Una lucha contra el olvido `ropio y ajeno.
Curiosamente nos encontramos con Miguel en un retienta campera, en la Finca la Torre donde pasta la ganadería de nuestro amigo Marcelino Acosta., La retienta es una faena donde lo se vuelve a probar la bravura, se repite el examen aprobado en la infancia vacuna, Las vacas recuerdan, saben latín, sólo la que tiene nobleza superlativa, sufre un día tonto o memoria frágil tienen algún pase que robar a base de quietud.. En medio de tornillazos, embestidas al pecho, ganas de levantar al torero del suelo y sustos, sale una Fantasma del año de la Expo que se deja y ahí Miguel nos muestra su tauromaquia, de reposada forma, largo trazo y concepto puro
Leíamos un intenso librito, librito por su encuadernación minimalista y de bolsillo, Cometas en el Cielo, me dicen que ya hay película oscarizada, pero nosotros somos como los ratones, siempre nos gusta más el libro. El autor afgano Khaled Hosseini se sustrae a la llegada maldita de los talibanes para hablar de la necesidad imperiosa de un hombre que no dejará de ser niño hasta que pueda volver a la infancia para desfazer entuertos y curar las heridas que la vida no deja cicatrizar Luchar por no olvidar incluso lo indigno era el motivo vital del protagonista.
La vida siempre alienta abriendo complicados caminos de vuelta hacia el corazón de un niño. Miguel Carrasco andaba hace tiempo buscando ese camino, el que le permitiese retomar la historia interrumpida, digna y brillante en su caso, un día en Cortegana, de Burdeos y oro, con Cepeda de padrino y Pauloba de testigo de lo que hubiera debido ser el inicio de algo y a poco se convierte en el colofón de una valiente historia de otro más que se queda en el camino.
Encontramos a Miguel con la limpidez en sus ojos que solo pueden tener los niños, el hombre discreto que sabe quien es, que quiere en este momento y cual es el camino para conseguirlo.
¿Vuelves Miguel?
Si. Ya tengo fecha, cartel, un traje de luces, el mismo del último día en Cortegana, ¡sin arreglar, que quepo perfecto! (dice orgulloso de su estado de forma). Los tengo convencidos en casa y mi ilusión y los trastos preparados. Vuelvo para quedarme
Por que y Para que vuelve Miguel Carrasco a los toros.
Por que quiero sentirme torero. Vuelvo para sentirme torero, para triunfar, vuelvo con todas las consecuencias, sin red, quiero volver a vivir en torero, a estar en plazas en las que ya estuve de novillero, La Merced, La Maestranza, Las Ventas. Vuelvo para vivir en torero.
Pero tú sabes cómo está de difícil esto del toro, ¿Que tiene Miguel Carrasco que no tengan otros y que tienes ahora que no tuvieras hace quince años?
Tengo madurez, lo veo claro, me siento importante, con sabor añejo, en sazón, reposado, maduro. Creo que puedo aportar mi concepto, mi personalidad, mi sentimiento.
¿Que quieres que suceda en la Antilla el día 17?
Voy a sorprender, tengo que sorprender, la gente va a salir hablando de Miguel Carrasco, de que es distinto, que no se parece a nadie. Estos días he llamado a ganaderos, a gentes del toro, no he tenido que explicar quien soy, eso es importante, se acuerdan de aquel chaval, se acuerdan y me respetan. Pues yo quiero que esos que me respetan me vuelvan a ver como torero y los que no me conozcan, que se sorprendan, que vean un torero que tiene que decir cosas. Quiero que haya un run run en toda la gente del toro, que digan los profesionales, los toreros, los ganaderos y claro los empresarios “hay que ver a Miguel Carrasco”
Miedo
Sólo al fracaso, a no estar bien a no poder. Pero se que no va a ser el caso. Miedo a que me salgan dos toros que no me dejen expresarme. Por lo demás, miedo a nada.
¿Ni siquiera temes a que alguien te tilde de majareta?
No, mira, otras veces que he querido volver, por que esto no es de ahora ¿sabes?, pues otras veces si que me he parado en esas cosas. Ahora no, ahora ha sido todo positivo, los aficionados que me encuentro, la gente del toro, todos me han dicho que tire “p´alante”. Majareta es quien no tiene argumentos, quien pierde el norte, sencillamente no es el caso. Yo puedo resolver cualquier papeleta delante del toro.
Fuiste uno más de la revolución. Te apoderó en tu etapa de novillero el Comandante (Paco Dorado) ¿Como era Dorado?
Un hombre del toro, sabe cuidar al torero, sabe llevarlo, respeta los conceptos, es capaz de coger a un chaval sin caballos y ponerlo en figura, de principio a fin, sabe hacer un torero, Manuel Díaz “El Cordobés”, es un ejemplo. Yo estuve allí, Dorado me ayudó mucho, pero al final apostó por Manuel. No me quejo de nada.
¿Quien te ayuda ahora?
Ahora es distinto, no me es tan necesario un hombre al lado para empezar, ya estoy hecho como persona. Me ayudan mis amigos. Me va a poner gente con las que nos conocemos hace tiempo. Luego ya se verá.
¿Cuando te volverías a ir? ¿Manejas la palabra fracaso?
Ni me lo planteo, vuelvo para quedarme, para buscarme un sitio en el escalafón, fracasar es no intentarlo. Este año de crisis lo fácil hubiera sido poner excusas y quedarse en casa, lo fácil sería decir que vuelvo para torear para mi, ver que pasa. En intentar lo difícil no se puede fracasar. Estos años he soñado muchas noches que estaba toreando, que cuajaba el toro perfecto, que lo mataba. Ahora tengo el privilegio de volver a soñar despierto, de hacerlo en la plaza. No voy a desaprovechar la oportunidad.
¿Se olvida torear?
Nunca. Yo eche los dientes toreando, he entrenado miles de días, he toreado mucho, cinco tardes en Sevilla, Madrid, Las Colombinas, tenía ambiente, toreé en todas las plazas de la provincia. El primer día que fui a entrenar me sentía raro, al segundo rompí a hacerlo con naturalidad, al tercer día era un hábito, ahora lo necesito, vuelve a ser una necesidad.
¿Como lo dijiste en casa?
Con naturalidad, mi mujer, mis hijas, mi padre, mis amigos, saben que yo me siento torero, que si lo vuelvo al toro es por que me siento con fuerzas para hacerlo. Me apoyan, por lo menos eso percibo, aunque entiendo que es una faena para los que me quieren.
De cara al 17 en La Antilla y para el resto de esta singladura ¿Que te deseamos, Suerte o Justicia?
A estas alturas de la vida uno sabe que sin suerte no hay nada fácil pero que la única verdad del toreo en un capote, una muleta, una espada y ligarle a un toro veinte pases de pureza y verdad. Deséame todo, suerte, justicia y que los empresarios me pongan ahora, luego Miguel Carrasco se buscará el sitio que merezca en el toro.
Los Yegüerizos de Almonte entran en la Marisma
Los Yegüerizos de Almonte entran en la Marisma

Desde Almonte, por el camino de las parcelas, por los Llanos, por los Tanajales se inicia una procesión vieja y no reglada. El hombre vuelve a una tierra brava que nunca pudo dominar del todo, pero de la que se nutren las capas más profundas del encéfalo, las que nos hacen despertar instintos de nómada cazador, de recolector irreverente. Los almonteños entran en el jardín de su casa, son gentes de ley, hombres recios que durante la tarde de ayer y hasta la mañana de hoy irán entrando en Doñana en grupos de entre quince o veinte para recoger yeguas y dormir en la Casa del Lobo, en la Casa de los Guardas, en Hato Villa y Hato Barrera, en San Lorenzo, o en el Rincón del Pescador, nombres que son sitios, si, pero también emociones y recuerdos tribales y raíces de linajes viejos.
Se va entrado despaciosamente, que el calor aprieta y la senda es larga, por el Malecorro y por la Cancela de Matasgordas, las reuniones buscan, pacientes, los lugares de sesteo adjudicados, siempre cerca de los zancallones, llenos en ese año de lluvias largas y de lucios plenos, de más aguas que herruños resquebrajados y secos. La marisma es un esplendor de vida, el gamo el jabalí, los flamencos, la tortuga y los ánades se esconden tras el pasto alto, tramposo, los caballos se hunden hasta la cincha. Brotan de la tierra los ojos de agua efervescente y cálida que sorprenden en su magia vieja y la naturaleza conquista nuestro alma.
Los pertrechos de la expedición son sencillos. A caballo, la chivata delatora de la condición de yegüerizo. la manta estribera anudada en la perilla de la montura, una jáquima reliada en los pechos para la suelta y una alforja con los avios del momento. En los mulos, serones de paja castizos o modernos de caucho, con viandas para el camino y tragos para que pasen. El tractor va cargado con el ajuar de los mozos, la comida y la impedimenta para la noche. Sombreros y pañuelos de hierbas son el uniforme.
Nadie me aclara desde cuando se viene entrando en la Marsima a buscar las yeguas, hay documentos tardomedievales que lo acreditan, pero esta gentes que me acompañan saben que ”desde siempre”, el día 26 de Junio, los ganaderos de Almonte, sus padres y los padres de sus padres, recogen las yeguas y los potros que han vivido asilvestrados todo el año en los profundos y misteriosos enclaves marismeños. El Parque Nacional de Doñana, que gestiona ahora este tesoro conservado por los almonteños durante siglos, tiene su voz, pero el mando lo tienen los 300 ganaderos a través de su asociación nacional de ganado marismeño.
Establecido el campamento, la tarea cooperativa establece medios y funciones, todos a una incluido el jefe de tropa, cargo rotativo, familiar, electivo, más representativo que jerárquico, gremial e ininteligible para quien no sea yegüerizo del Almonte.
Unos montan el campamento, prohibidas las candelas, otros avían los caballos, alguno más revoltoso aprovecha para un ritual bautizo cuartelario en las aguas del zancallón y un chapuzón, más fangoterápico que refrescante. Los más cabales, los hombres de peso, los verdaderos yegüerizos empiezan a señalar las yeguas, “tu potra perla anda por el Chujarro”, “la alazana de Ramos anda con la mosca por El Cornejo”. “La maldita, (dicen otro apelativo menos transcribible) zarca estará con las yeguas de La Retuerta”. La Retuerta, sitio mítico de fatal referencia, donde habitan las más bravas y esquivas matronas de las equinas marismeñas. Una raza ya diversa dentro de la especial consideración que tiene este ganado, que llenó de raza y fuerza el continente americano, yendo con Colón en sus cuatro viajes y aún dicen que fueron caballos marismeños los que permitieron a Cortés conquistar la cenagosa capital de Méjico, (Méjico en una laguna) donde los jacos se desenvolvían con naturalidad gracias a sus anchos cascos y fuertes y largas patas, y su recio corazón y sangre brava.
Hoy es el primer día del último eslabón de una cadena que se hunde en los ancestros de un pueblo. Formar parte de una tradición es asunto reservado a los privilegiados que han sabido mantenerla. Almonte goza de esa prerrogativa por derecho propio.
El silencio ruidoso de la marisma ha sido roto bruscamente por las voces crudas de la última generación de yegüerizos almonteños. Caballos con montura traicionan a su raza ayudando al hombre a domeñar a sus hermanos de estirpe. Desde la tarde de ayer las reuniones con quedas más lejanas, las que deben buscar las yeguas en Marismilla, allá donde se ve al amanecer el brillo mítico del Río Grande con Sanlucar al otro lado, las del Zancalón, las de Veta la Arena, campean por estas tierras de agua mil veces holladas y mil veces vírgenes. Un año más se inicia un rito añejo, enclavado en las más hondas maneras de un pueblo que siempre ha sabido preservar sus tradiciones manteniendo la pureza.

Desde Almonte, por el camino de las parcelas, por los Llanos, por los Tanajales se inicia una procesión vieja y no reglada. El hombre vuelve a una tierra brava que nunca pudo dominar del todo, pero de la que se nutren las capas más profundas del encéfalo, las que nos hacen despertar instintos de nómada cazador, de recolector irreverente. Los almonteños entran en el jardín de su casa, son gentes de ley, hombres recios que durante la tarde de ayer y hasta la mañana de hoy irán entrando en Doñana en grupos de entre quince o veinte para recoger yeguas y dormir en la Casa del Lobo, en la Casa de los Guardas, en Hato Villa y Hato Barrera, en San Lorenzo, o en el Rincón del Pescador, nombres que son sitios, si, pero también emociones y recuerdos tribales y raíces de linajes viejos.
Se va entrado despaciosamente, que el calor aprieta y la senda es larga, por el Malecorro y por la Cancela de Matasgordas, las reuniones buscan, pacientes, los lugares de sesteo adjudicados, siempre cerca de los zancallones, llenos en ese año de lluvias largas y de lucios plenos, de más aguas que herruños resquebrajados y secos. La marisma es un esplendor de vida, el gamo el jabalí, los flamencos, la tortuga y los ánades se esconden tras el pasto alto, tramposo, los caballos se hunden hasta la cincha. Brotan de la tierra los ojos de agua efervescente y cálida que sorprenden en su magia vieja y la naturaleza conquista nuestro alma.
Los pertrechos de la expedición son sencillos. A caballo, la chivata delatora de la condición de yegüerizo. la manta estribera anudada en la perilla de la montura, una jáquima reliada en los pechos para la suelta y una alforja con los avios del momento. En los mulos, serones de paja castizos o modernos de caucho, con viandas para el camino y tragos para que pasen. El tractor va cargado con el ajuar de los mozos, la comida y la impedimenta para la noche. Sombreros y pañuelos de hierbas son el uniforme.
Nadie me aclara desde cuando se viene entrando en la Marsima a buscar las yeguas, hay documentos tardomedievales que lo acreditan, pero esta gentes que me acompañan saben que ”desde siempre”, el día 26 de Junio, los ganaderos de Almonte, sus padres y los padres de sus padres, recogen las yeguas y los potros que han vivido asilvestrados todo el año en los profundos y misteriosos enclaves marismeños. El Parque Nacional de Doñana, que gestiona ahora este tesoro conservado por los almonteños durante siglos, tiene su voz, pero el mando lo tienen los 300 ganaderos a través de su asociación nacional de ganado marismeño.
Establecido el campamento, la tarea cooperativa establece medios y funciones, todos a una incluido el jefe de tropa, cargo rotativo, familiar, electivo, más representativo que jerárquico, gremial e ininteligible para quien no sea yegüerizo del Almonte.
Unos montan el campamento, prohibidas las candelas, otros avían los caballos, alguno más revoltoso aprovecha para un ritual bautizo cuartelario en las aguas del zancallón y un chapuzón, más fangoterápico que refrescante. Los más cabales, los hombres de peso, los verdaderos yegüerizos empiezan a señalar las yeguas, “tu potra perla anda por el Chujarro”, “la alazana de Ramos anda con la mosca por El Cornejo”. “La maldita, (dicen otro apelativo menos transcribible) zarca estará con las yeguas de La Retuerta”. La Retuerta, sitio mítico de fatal referencia, donde habitan las más bravas y esquivas matronas de las equinas marismeñas. Una raza ya diversa dentro de la especial consideración que tiene este ganado, que llenó de raza y fuerza el continente americano, yendo con Colón en sus cuatro viajes y aún dicen que fueron caballos marismeños los que permitieron a Cortés conquistar la cenagosa capital de Méjico, (Méjico en una laguna) donde los jacos se desenvolvían con naturalidad gracias a sus anchos cascos y fuertes y largas patas, y su recio corazón y sangre brava.
Hoy es el primer día del último eslabón de una cadena que se hunde en los ancestros de un pueblo. Formar parte de una tradición es asunto reservado a los privilegiados que han sabido mantenerla. Almonte goza de esa prerrogativa por derecho propio.
martes, 1 de junio de 2010
Pedro Muriel La dignidad del discreto tercer hombre
Este hombre nunca quiso ser otra cosa que tercero, ni antes de ser profesional soñó con ser figura del toreo, ni una vez con el carnet en el bolsillo aspiró a manejar el capote de lidiador. Hijo de un tercero de referencia durante los setenta, ochenta y noventa en la provincia, Pedro Muriel padre, tuvo muy claro desde siempre que quería ser hombre de plata y ocupar ese sitio de timonel en la cuadrilla. El equilibrio entre los lidiadores, el “descolocao” en las habitaciones de hotel, el último asidero cuando el toro dobla, el banderillero de izquierdas y el hombre que se presta a las otras cuadrillas para cortar en el toro que precede al de su maestro. Poco hablar con el maestro en la plaza, nada de gritos, de consejos, las miradas bastan. Una palabra siempre en los labios: respeto, respeto a si mismo, al compañero, al toro, al público al matador.
Enrolado en la cuadrilla de Curro Díaz es uno de los profesionales de Huelva que más torea
Me acordaba de pedro Muriel estas últimas tardes mientras leía “Lo que queda del día”, una novela de finales de siglo XX que deambula entre lo costumbrista y lo histórico, escrita por Kazio Ishiguro, inglés a pesar del nombre, y que aborda la sabia y silente dignidad, íntima y aparente, de un escudriñador mayordomo que se desenvuelve entre Lords, Ladys, nazis y demás hijos de la Gran Bretaña durante la gran guerra y sus secuelas.
Me acordaba y me fui a verlo, sabía donde encontrarlo, la plaza de toros de Huelva es su lugar habitual en las mañanas que no torea. El subconsciente es vivo y el eficiente y tópico mayordomo me recordaba a este Pedro Muriel, Huelva, 15 de Marzo del 1976, porque el subalterno atesora esa serena dignidad colaboradora tan alejada del servilismo. Su lugar en el mundo lo encontró siendo tercero de una cuadrilla de subalternos, la sencillez de su función le otorga merito a la destreza, sencillez a la ejecución y discreción en la grandeza.
Tras quince años de sus primeros pasos junto al matador onubense Paco Barroso, tras recorrer el escalafón junto a Luis Vilchez, Javier Conde, Davila Miura, Fernando Cruz y ahora con Curro Díaz, o sentirse importante toreando con Juli, ha toreado numerosos festivales con Litri, la madurez nos trae un hombre sencillo con cornadas de espejo, maneras de señor y ganas de consolidarse.
¿Por que Tercero?
Por muchas cosas, mi padre era tercero, mis recuerdos son de tercero, no quise ser torero y no cogí el capote hasta muy mayor, junto a las banderillas, me siento a gusto, estoy reconocido.
¿Es tercero menos que primero o segundo?
No, nadie es menos que nadie, cada cual tiene una función en la plaza y todos debemos estar lo mejor que podamos para que el engranaje funcione.
¿Como planteas la temporada?
Ya he toreado más de diez festejos, Sevilla, Madrid dos tardes…Estoy colocado con Curro Díaz, y Fernando Cruz, como están ambos en el grupo B puedo torear suelto alguna tarde, con Yiyo, de Granada, he toreado algún día, novilladas… Si no pasa nada acabaré toreando cuarenta o cincuenta tardes como los últimos años.
¿Estás a gusto en este momento de tu vida profesional?
Mucho, voy con matadores que van en categoría, plazas de responsabilidad, Curro Díaz y su apoderado Ignacio González son muy serios y tienen una trayectoria importante. Con Fernando cruz igual En la cuadrilla muy buen ambiente, yo me he incorporado el último junto a un picador y me he encontrado un buen ambiente.
¿Es especial cuando toreas con Litri?
Si, se va con un torero que ha sido figurón, muy respetado, muy querido, tiene vitola de figura y humanamente es un fenómeno. Es bueno torear festivales, te pones al día, te sirve de escaparate, te placeas.
¿Se entrena el oficio de dar la puntilla?
Hubo un tiempo que iba al matadero, después lo prohibieron y ahora sobre todo es cuestión de seguridad y experiencia, el puesto de tercero es uno de los puestos donde los años te dan experiencia y templanza y todo esto te consolida.
¿Has toreado mucho en La Merced?
Las corridas de Paco Barroso, alguna novillada y quizá te diría que he toreado más con el Bombero Torero que en espectáculos serios. Es una feria cerrada con figuras y o vienes colocado con una o no toreas. Ahora, te digo que si contáramos las horas que he echado entrenando, me tendrían que dar un burladero para mi sólo
¿Haces poco campo, un tercero no suele ir a tentar?
No, ahí van los lidiadores, sólo si se mata un toro a puerta cerrada va el tercero, por eso tengo qu ntrenar todos los días
¿Una tarde que recuerdes con especial cariño?
Las tardes de gloria de los banderilleros son las tardes de triunfo de nuestros matadores en plazas importantes, lo demás es equivocarse. Recuerdo en Pamplona, una tarde que Eduardo Davila Miura cortó dos orejas de mucha importancia y la cuadrilla fue un reloj
¿Y la tarde que levantas un toro con la puntilla, esas miradas del matador?
No me preocupa la mirada, me duele por mi profesionalidad, mi orgullo se resiente, me duele que se minimice un triunfo por mi causa, es doloroso. Nosotros arriesgamos mucho, muchas veces el toro se echa de manso, no por el daño que le ha hecho la espada y tienes que arriesgar, primero tu físico y pisar terrenos y distancias de riesgo y siempre mirando que tienes unos milímetros a máxima tensión para dar el cachete. Hay muchos percances, no siempre con repercusión
La cornada
Gajes del oficio. ( se pasa la mano por la cicatriz de la barbilla. Tengo dos graves, ambas por fallo mío, muy al principio de mi carrera.
¿Ganadería difíciles para banderillear?
Hay muchos tópicos, yo me las visto con corridas de Juanpedro o de Zalduendo muy complicadas y sin embargo recuerdo uno de Cuadri en Madrid al que le puse un par muy importante, hay que entrar decidido y sin miedo, aunque el toro sea muy serio así sale siempre la cosa bien
¿Sevilla o Madrid?
Para torear Sevilla, para triunfar Madrid, la repercusión es tremenda en Las ventas
Has toreado mucho en Francia, ¿Es distinto?
Allí hay más justicia, se premia al que triunfa y se castiga cuando están mal, se cuida mucho la fiesta
¿Corridas duras, corridas comerciales?
No veo la diferencia, en la corrida más difícil se perdonan más cosas, en la que parece más cómoda se exige la perfección. He toreado muchas de ambas y todo depende del sitio donde se pone el torero y cuanto está dispuesto a arriesgar
¿A que has dicho que no en el toreo?
A la indignidad, la falta del respeto, a quien ha querido ponerme un precio, la poca vergüenza de mucha gente del toro y de flos alrededores, de querer hacernos ver las cosas que no son. Me he quedado en casa muchas veces Ahora me alegro, la dignidad siempre te lleva al buen fin
¿Por que torero?
Por mi gente, por que me enganchó desde chico ver a mi padre, a Miguel Conde a Manolo Contrerás, a Carvajal. En Huelva hay grandes profesionales, pero estamos detrás de una piedra y es difícil salir, es una lástima.
¿Como está el toro en el 2010?
Afectado por la crisis en lo profesional, sobre todo en los pueblos con muchos menos festejos, artísticamente a un nivel altísimo, las ganaderías son más inestables, será más difícil, los profesionales como nunca, Carretero, Curro Molina… mil nombres se me vienen que marcan la pauta
Un sueño
Vivir de esto, seguir viviendo de esto, e intentar disfrutar del toro junto a una figura del toreo.
Enrolado en la cuadrilla de Curro Díaz es uno de los profesionales de Huelva que más torea
Me acordaba de pedro Muriel estas últimas tardes mientras leía “Lo que queda del día”, una novela de finales de siglo XX que deambula entre lo costumbrista y lo histórico, escrita por Kazio Ishiguro, inglés a pesar del nombre, y que aborda la sabia y silente dignidad, íntima y aparente, de un escudriñador mayordomo que se desenvuelve entre Lords, Ladys, nazis y demás hijos de la Gran Bretaña durante la gran guerra y sus secuelas.
Me acordaba y me fui a verlo, sabía donde encontrarlo, la plaza de toros de Huelva es su lugar habitual en las mañanas que no torea. El subconsciente es vivo y el eficiente y tópico mayordomo me recordaba a este Pedro Muriel, Huelva, 15 de Marzo del 1976, porque el subalterno atesora esa serena dignidad colaboradora tan alejada del servilismo. Su lugar en el mundo lo encontró siendo tercero de una cuadrilla de subalternos, la sencillez de su función le otorga merito a la destreza, sencillez a la ejecución y discreción en la grandeza.
Tras quince años de sus primeros pasos junto al matador onubense Paco Barroso, tras recorrer el escalafón junto a Luis Vilchez, Javier Conde, Davila Miura, Fernando Cruz y ahora con Curro Díaz, o sentirse importante toreando con Juli, ha toreado numerosos festivales con Litri, la madurez nos trae un hombre sencillo con cornadas de espejo, maneras de señor y ganas de consolidarse.
¿Por que Tercero?
Por muchas cosas, mi padre era tercero, mis recuerdos son de tercero, no quise ser torero y no cogí el capote hasta muy mayor, junto a las banderillas, me siento a gusto, estoy reconocido.
¿Es tercero menos que primero o segundo?
No, nadie es menos que nadie, cada cual tiene una función en la plaza y todos debemos estar lo mejor que podamos para que el engranaje funcione.
¿Como planteas la temporada?
Ya he toreado más de diez festejos, Sevilla, Madrid dos tardes…Estoy colocado con Curro Díaz, y Fernando Cruz, como están ambos en el grupo B puedo torear suelto alguna tarde, con Yiyo, de Granada, he toreado algún día, novilladas… Si no pasa nada acabaré toreando cuarenta o cincuenta tardes como los últimos años.
¿Estás a gusto en este momento de tu vida profesional?
Mucho, voy con matadores que van en categoría, plazas de responsabilidad, Curro Díaz y su apoderado Ignacio González son muy serios y tienen una trayectoria importante. Con Fernando cruz igual En la cuadrilla muy buen ambiente, yo me he incorporado el último junto a un picador y me he encontrado un buen ambiente.
¿Es especial cuando toreas con Litri?
Si, se va con un torero que ha sido figurón, muy respetado, muy querido, tiene vitola de figura y humanamente es un fenómeno. Es bueno torear festivales, te pones al día, te sirve de escaparate, te placeas.
¿Se entrena el oficio de dar la puntilla?
Hubo un tiempo que iba al matadero, después lo prohibieron y ahora sobre todo es cuestión de seguridad y experiencia, el puesto de tercero es uno de los puestos donde los años te dan experiencia y templanza y todo esto te consolida.
¿Has toreado mucho en La Merced?
Las corridas de Paco Barroso, alguna novillada y quizá te diría que he toreado más con el Bombero Torero que en espectáculos serios. Es una feria cerrada con figuras y o vienes colocado con una o no toreas. Ahora, te digo que si contáramos las horas que he echado entrenando, me tendrían que dar un burladero para mi sólo
¿Haces poco campo, un tercero no suele ir a tentar?
No, ahí van los lidiadores, sólo si se mata un toro a puerta cerrada va el tercero, por eso tengo qu ntrenar todos los días
¿Una tarde que recuerdes con especial cariño?
Las tardes de gloria de los banderilleros son las tardes de triunfo de nuestros matadores en plazas importantes, lo demás es equivocarse. Recuerdo en Pamplona, una tarde que Eduardo Davila Miura cortó dos orejas de mucha importancia y la cuadrilla fue un reloj
¿Y la tarde que levantas un toro con la puntilla, esas miradas del matador?
No me preocupa la mirada, me duele por mi profesionalidad, mi orgullo se resiente, me duele que se minimice un triunfo por mi causa, es doloroso. Nosotros arriesgamos mucho, muchas veces el toro se echa de manso, no por el daño que le ha hecho la espada y tienes que arriesgar, primero tu físico y pisar terrenos y distancias de riesgo y siempre mirando que tienes unos milímetros a máxima tensión para dar el cachete. Hay muchos percances, no siempre con repercusión
La cornada
Gajes del oficio. ( se pasa la mano por la cicatriz de la barbilla. Tengo dos graves, ambas por fallo mío, muy al principio de mi carrera.
¿Ganadería difíciles para banderillear?
Hay muchos tópicos, yo me las visto con corridas de Juanpedro o de Zalduendo muy complicadas y sin embargo recuerdo uno de Cuadri en Madrid al que le puse un par muy importante, hay que entrar decidido y sin miedo, aunque el toro sea muy serio así sale siempre la cosa bien
¿Sevilla o Madrid?
Para torear Sevilla, para triunfar Madrid, la repercusión es tremenda en Las ventas
Has toreado mucho en Francia, ¿Es distinto?
Allí hay más justicia, se premia al que triunfa y se castiga cuando están mal, se cuida mucho la fiesta
¿Corridas duras, corridas comerciales?
No veo la diferencia, en la corrida más difícil se perdonan más cosas, en la que parece más cómoda se exige la perfección. He toreado muchas de ambas y todo depende del sitio donde se pone el torero y cuanto está dispuesto a arriesgar
¿A que has dicho que no en el toreo?
A la indignidad, la falta del respeto, a quien ha querido ponerme un precio, la poca vergüenza de mucha gente del toro y de flos alrededores, de querer hacernos ver las cosas que no son. Me he quedado en casa muchas veces Ahora me alegro, la dignidad siempre te lleva al buen fin
¿Por que torero?
Por mi gente, por que me enganchó desde chico ver a mi padre, a Miguel Conde a Manolo Contrerás, a Carvajal. En Huelva hay grandes profesionales, pero estamos detrás de una piedra y es difícil salir, es una lástima.
¿Como está el toro en el 2010?
Afectado por la crisis en lo profesional, sobre todo en los pueblos con muchos menos festejos, artísticamente a un nivel altísimo, las ganaderías son más inestables, será más difícil, los profesionales como nunca, Carretero, Curro Molina… mil nombres se me vienen que marcan la pauta
Un sueño
Vivir de esto, seguir viviendo de esto, e intentar disfrutar del toro junto a una figura del toreo.
viernes, 21 de mayo de 2010
Así se va a Madrid. Cuadri lidia en Las Ventas un corridón de toros
Con estos “Medallas de oro” va Cuadri a Madrid.
La ganadería onubense lidia una corrida con la máxima expectación el próximo domingo en Madrid.
Es la corrida más importante del año para la familia Cuadri.
Mañana de primavera, Comeuñas nos recibe como siempre, amabilidad “sin mariconadas”, socarronería cariñosa y la bravura en plenitud. Por más veces que pasemos el cancillo de de Juan Vides dirección a los cercados de los toros de saca, que diría un clásico, no dejamos de percibir la sensación de que volvemos a profanar el templo de la bravura, que se nos muestra con el fondo del vergel que esta primavera guapa de lluvias y soles ha regalado a la dehesa onubense.
El abejaruco nos saluda iluminando el campo con su aleteo, la abubilla se entretiene en rebuscar bajo los panesyquesos. La mañana rompe en agua, ocho toros esperan en dos cercados, rematados de presencia, elegidos desde utreros para la gloria de la más importante plaza del mundo.
“La corrida de Madrid” es la indiscutible estrella mediática de la ganadería, nos cuentan que esta mañana los franceses han llenado de cámaras y micrófonos el campo bravo, Arjona acaba de retratar el corridón de “Las ventas”, Valverde del Camino, siempre con Cuadri, mantiene un corresponsal casi perenne, hoy es Paco Bolaños quien da fe del trapío de los Santa Coloma, para luego contarlo en el casino y la peña, hasta el campo bravo onubense ha llegado algún miembro de ese absurdo club que es el temible 7 de Madrid, que nos dicen que se ha marchado encantado del trapío de la corrida.
Las estrellas mediáticas no se cansan, posan con garbo, chulean de guapos, disfrutan de su hondura, se enorgullecen de su casta única, alardean de pitones, recuerdan sus ancestros (este es de los onubenses, el colorado de los zapateros…), se pavonean con la seguridad de una maniquí por la pasarela de Milan. Gaspar y José Escobar ejercen de cicerones, y todo es lento, pausado, medido y puro. Las exclamaciones surgen del fotógrafo, “ese es un pavo”, “el castaño es una belleza”
Nos cuenta el ganadero que el peor momento será la mañana del embarque, Ese día buscará al 28 debajo de la encina donde duerme los últimos diez meses, Gaspar, irá a buscar, descreído por fuera partido por dentro al Artillero, siempre hermanado con Barbacoa, del breve valle junto a la alambrada donde andan encollerados desde siempre, desde el herradero, desde el destete, asevera el ganadero. Juntos, iniciaran el último camino hacía el embarcadero. Con cada camada se marcha un trozo del corazón ganadero de la casa Cuadri.
Relata Fernando que si ve pronto el momento de ceder el testigo es para evitar estos momentos de nostalgia necesaria. Los toros son embarcados directamente a Las Ventas, ahora que la Venta del Batán se está remodelando, el viaje es largo, José Escobar, Jou en la casa desde siempre, ejerce de guardián de la pureza de sangre, de la integridad y la trazabilidad de los Cuadris. El camión será su único interés hasta los corrales de la primera plaza del mundo, allí pasará luego el día, entre puros, convidadas, mayorales señeros que lo admiran y el mal rato del reconocimiento, donde cuatro licenciados analizan con lupa lo que Escobar conoce de memoria, la vieja herida de la cornada del 56 el pasado invierno, el andar pausado del badanudo 59, los pitones rabiosos del 59. Ahí se dirime la suerte, “que nos dejen pasar siete” pide el ganadero que sabe que lleva toros para pasar cualquier examen, el nervio no se percibe en esta casa más que en el gesto hondo, la seguridad del deber cumplido marca la línea pasada del remate, el morrillo marcado, la badana bamboleante, el músculo perfilado en las mañanas de teórica, el pelo brillante de las muchas habas que cada mañana se vertían en los rústicos comederos. Los tordos jacos andan pacientes tras el encierro, el mosquero pendulea entre las orejas con buen son, muchas mañanas de gimnasia tras los escogidos de los madriles, los reyes de la dehesa.
Ocho son del club de la cita del domingo. El 40 Duende de la familia de los brujos, el 62 Remendón de la gente de los zapateros, como el castaño guapo de la corrida. El 59, Infante, todo un artillero el 56 un pavo que se llama Berreón, de un encaste de llorones impenitentes, el 55 con el nombre de Lagunero, de los amigos de los pantanos (Cenagoso entre sus nobles ascendientes), el 28, Cocinero y el 58 Barbacoa, de la familia de los cocinillas.
Mientras ustedes lean están letras un camión preñado de bravura andará por esas carreteras de la Mancha camino del foro. El corazón ganadero andará por la dehesa silencioso y preocupado, no por el resultado del festejo, que en Cuadri hay raza, formas, alimentación y cariño para que el triunfo sea sólo un accidente. Lo sustancial es sin duda que en ese camión va una forma distinta de criar el toro, el corazón de una familia ganadera y la afición de un pueblo que solo espera que este lunes de Pentecostes salten de las imprentas los diarios con titulares unánimes glosando la bravura y la casta de los de Comeuñas.
Así se va a Madrid, ganaderos.
Ocho toros, de pelo brillante, badana majestuosa, cara sobrada, pitones agresivos, romana grande que no excesiva, músculo perfilado, hondura profunda y belleza brava.
Los ocho toros con los que cualquier ganadero sueña lidiar en Madrid, los ocho toros que sueñan el triunfo de la seriedad, la importancia de la personalidad, el triunfo de lo distinto y único.
Melones por calar, si, pero con la certeza de las cosas bien hechas, Ya sólo queda desear suerte.
La teórica.
Amanece en Comeuñas, son los últimos días de Enero, la rociada se difumina humeando en la dehesa, dos jacos tordos avanzan despaciosos y firmes, el metálico sonido de la cancela despierta la modorra de la noche. “Los toros de Madrid” se desperezan, remolones se dejan llegar los caballos hasta la grupa y comienzan a andar delante del mayoral.
Desde ese día y hasta el pasado lunes no han pasado dos días sin “teórica”, los hombres del campo hacen andar trotar y galopar al ganado bravo, más de una hora, por terrenos enfangados, con lluvia frio o calor, ahora que salen las hermandades camino de la bendita aldea.
La idea es muscular, fortalecer, enrazar los toros que se van a lidiar en Madrid. En esta casa no se lleva bien que salgan toros descastados o flojeando de remos. La medicina preventiva se llama teórica, se imparte en moderadas dosis en la mañana, el doctor se llama José Escobar, con el practicante Gaspar a su vera.
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