Hoy por la tarde llegan las yeguas a Almonte tras pasar por delante de la Virgen.
Andamos ya con nuestro grupo de yegüerizos por la Marisma, la Marisma con mayúsculas, que en este solsticio de verano se muestra imponente, poderosa, grave y más extrema que nunca, cargada de agua, verde en sus pastos, dura en sus secadales, los lucios plenos,los zancallones rebosantes de la vida efímera que aporta el líquido elemento.




Los guardas circulan pretenciosos y desconfiados en sus sonoros todoterrenos y dividen a nuestro grupo que lo componemos 20 hombres a caballo, algún mulo con serones y jinetes espatarrados con aspecto de canónigo antiguo, un tractorista y un par de viejos rockeros en el remolque, algún zagal acompaña a los parientes mayores en esta incursión en su propia cultura que le servirá de juego y de rito inicático a una forma de vida que pronto serán ellos los que deberán mantener.
La queja de los yegüerrzos es unánime, parece que las yeguas molestan a la administración del Coto, su manejo entraña cada vez dificultades mayores para poder mantener y hacer rentable este sistema de economía tradicional y tan apegada al terreno.Lo que era labor sorda de recias gentes del lugar se ha convertido en romería y en reportaje de national geographic.
Las costillas marcadas nos muestra que el ganado asilvestrado de la marisma lo ha pasado mal, incluso las duras yeguas de la Retuerta han llevado mal las lluvias de final de invierno y primavera que han provocado la muerte de muchos potrillos, las yeguas se muestran endebles a pesar de la abundancia de pastos, Muchas han malparido y otras tantas están fuera del coto sacadas por sus criadores para atenderlas mejor. Hay menos ganado que otros años.
La vieja convivencia del almonteño con el coto agreste y duro se ve menoscabada por las disposiciones reglamentistas del parque nacional, del parque natural, del entorno y de mil trabas incomprensibles para quienes gracias a su sabia explotación han sabido mantener la pureza del Coto de Doñana durante siglos. Un hombre de Almonte siente la marisma como propia, como algo tan suyo cual puede ser la mano izquierda que sostiene las riendas del caballo.Al coartar su paso se sienten expropiados de su Pacha Mama, de su vinculación terrícola más inmediata, de su ancestral modus vivendi, que servía de despensa y de medio ambiente necesario.
Sólo se compensa la herencia ganadera en estos momentos, de sencillez grandiosa, un hombre un caballo y un grupo donde sentirse parte, el hombre se hace grande y se individualiza al contacto directo con la verdad de unos de los medios naturales que más ha costado colonizar al Homo Sapiens. sólo sobre los lomos de un caballo domado que ayuda a "sacar" a sus congéneres asilvestrados, con la perspectiva de una noche sin techo, sólo la mirada entre la alfombra del cielo y el corazón de sedentario reciente que todos guardamos dentro del pecho, en cuadrillas de hombres que deben ayudarse para labores que son imposibles sin la colaboración de la tribu, sólo estos momentos mitigan el alejamiento irremediable entre Almonte y su marisma.
La labor de este primer día es sencilla, localizar las yeguas, unas en manadas familiares, las más ariscas de solano, intentar arrimarlas lo más posible al dormidero, montar el campamento y pasar la noche al arropo de las estrellas y bajo el cariño de los mosquitos.
Sentir la fuerza del coto es el placer del anochecer, la sonoridad impone, las ranas y las fochas cantan desde el zancallón, ya está preparado el humilde campamento, los más nuevos sacan sus tiendas de campaña del Decatlon, los más puros, los románticos, los viejos, dormimos con la cabeza sobre la silla de montar y el cuerpo tapado con una manta estribera de Grazalema.
La noche tarda en romper, se canta, se cuenta, se habla, se siente distinto, se huele la tierra que todo nos da. Todo emociona a un corresponsal de este diario e la marisma integrado entre las gente brava, sencilla y acogedora que sueña en la mañana luminosa en que llevaran no sólo las yeguas hasta su pueblo, sino que también sabrán llevar la esencia misma de sentirse almonteño, como hicieron los padres de sus padres desde los tiempos antiguos.
Mañana contaremos como reunimos las yeguas en las playas del Rocío y como entramos por la Puerta del Lobo en la aldea para acercar a Almonte un pedazo de su alma, aquel más puro, el que duerme en las marismas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario