Leo a Paco March y me duele lo que le duele porque...
Hubo un tiempo en que un niño, nacido en Santa Coloma de Gramanet, con ocho apellidos catalanes, se podía hacer torero en Cataluña, Dice Joaquín Bernardó Bartomeu "Mi padre y mi madre, ambos catalanes. me dejaron que fuera lo que quisiera, ahora nos quieren quitar el derecho de ir a los toros" . uso bien este derecho a otrear en su tierra, 243 veces se vistió de luces en La monumental
Ahora dice que para él cataluña ha muerto, duele el dolor de un catalán.


Hubo un tiempo en que Barcelona fue la capital mundial del toreo, entres sus dos plazas era la ciudad del mundo donde más festejos se celabraban. La segunda, la segunda era San Feliu de Guixols ¿Verdad Balañá, que estás en los cines?


Hubo un tiempo en que un niño podía ir a los toros en brazos de sus padres y soñar con ser Chamaco y sólo consentir pelarse en la barbería a donde acudía Chamaco. ¿Verdad Paco March?

'Territorios de la Memoria' (Paco March, Mundotoro)
Cuarenta y ocho tardes en dos temporadas hizo el paseillo 'Chamaco' en Barcelona, antes de tomar la alternativa, convulsionando la vida de la ciudad hasta el punto de rivalizar en fervor popular con el gran ídolo Ladislao Kubala, futbolista húngaro del F.C.Barcelona que hizo pequeño el estadio de Las Corts obligando, con su poder de atracción, a la construcción de un nuevo coliseo futbolístico, el que aún hoy se conoce como Camp Nou.
En los corrillos que a diario se formaban alrededor de la fuente de Canaletas, un espacio de libertad con sordina ganado a la dictadura franquista, los aficionados al fútbol y a los toros discutían educadamente acalorados y con Kubala y 'Chamaco' como protagonistas. El futbolista y el torero redimían de la gris realidad a una sociedad que, sin embargo, intentaba despertar del letargo impuesto por el miedo y la pobreza de una postguerra que todavía pesaba como una losa inamovible en la vida cotidiana.
El niño del inicio del relato, hijo de madrileño y catalana a su vez hija de la inmigración, creció testigo del ejemplo de unos padres de abnegada lucha por la supervivencia sin perder jamás la dignidad, una dignidad y un ejemplo de vida que tenían en el balompié y más aún en los toros los pocos momentos de alegría ahuyentadora de miedos y zozobras.
Tanto era así que, valga la anécdota, el chaval, cumplidos los seis años, se negaba a pasar por la peluquería, aquellas peluquerías con olor a Floid y Varón Dandy, sí no le aseguraban que al mismo tiempo ese día esperaban a 'Chamaco', algo que, claro está, nunca se producía. Pasados los años, Kubala colgó las botas, 'Chamaco' los avíos, fueron otros quienes ocuparon el corazón de las gentes, el fútbol lo copó todo y el toreo está como está. Es decir, prohibido por ley en Cataluña y amenazado fuera de ella.
El niño va para abuelo, luce calva donde habitaban rizos, pero intenta preservar el equipaje del alma. Un equipaje en el que junto a la familia y quienes hacen de la amistad solidario viaje, la pasión torera todo lo desborda. Y es por eso, porque se lo debe a sí mismo y, sobre todo, a sus padres, a Kubala (que toreaba a su manera con un balón en los pies), a 'Chamaco' y a todos aquellos que, vestidos de luces y sedas, mejor o peor, con arte o con miedos, ponen su vida en juego frente a un toro, que es la muerte, por lo que no cejará un solo instante, con las razones del corazón y las armas de la palabra, en la lucha necesaria para recuperar la alegría arrebatada con siniestras operaciones de mercadotecnia política que han llevado al arte mayúsculo, efímero y luminoso del toreo al tunel de las tinieblas, del que medio millón de firmas quizás puedan rescatarlo, mientras el ansiado retorno de José Tomás supone- evocando al escritor francés Jean Cau- algo similar a la gozosa espera de los Reyes Magos.
Territorios de una memoria que, de vez en cuando, conviene explorar pues en ellos está la esencia de lo que somos, el tiempo que nos queda. La nostalgia es un error, el olvido una traición.
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