
Castilla del Pino decía que la manoletina era como el saludo falangista brazo en alto, un «¡Arriba España!» con la espada y la muleta. Y que esa estética del hieratismo tenía el verticalismo de los sindicatos franquistas. Miro lo que ahora vuelve locos a los tendidos, pone la reventa a reventar, congrega a los pintamonas de toda España, saca a pasear la palabra «histórica» y abre los telediarios, y quedo sumido en la perplejidad. Con los mismos mimbres éticos y estéticos con que fabricaron al taciturno, raro, serio, distante y enigmático Califa del Franquismo, ahora montan el tinglado de la nueva farsa del Torero Republicano. ¿Cómo la misma manoletina antes era facha y ahora progre? ¿Cómo pisar esos terrenos era con El Cordobés recurso de la dictadura para enajenar al pueblo y ahora plasmación de los valores republicanos? ¿Cómo puede haber un Torero Republicano? ¿Es que hay toreros monárquicos? Y si es el Torero Republicano, ¿por qué en barrera, Dios mío de mi alma, está Su Majestad, reincidente en su masoquismo de que le haga el feo de no querer brindarle, y está la Corona hocicando ante el tricolor sin ninguna necesidad, y no está, un poner, Gaspar Llamazares?
Esto cada día lo entiendo menos. El Pipo le inventó al Cordobés la leyenda del robagallinas que se hace torero para quitar el hambre en la casa de los hijos de un fusilado. El mito de «O llevarás luto por mí». La gente iba a la plaza para ver si la hermana del Cordobés se compraba o no un vestido negro. Esto es como lo del Cordobés, pero con Sabina y la III República en el papel de Lapierre y Collins. Los toros al alcance de los que les importan un pimiento, pero como El Republicano está de moda, hay que ir, como si fuera la ópera. ¿Pero qué tontuna es ésta del Torero Republicano? ¿Es que la gente va a la plaza no para ver si sale por la Puerta Grande, sino para ver si la Familia Real sale por la puerta chica de La Zarzuela, camino de Cartagena, mientras el Torero Republicano da la vuelta al ruedo con el Rey tragando allí, en barrera, de jet-set y oro, de pintamonas del cuché, y la Infanta, encima, pidiéndole la oreja? ¿Con la banda tocando «Gallito»? No: tocando el Himno de Riego. Y con Sabina, Víctor Manuel, el Gran Guayomin y los del «No a la Guerra» (grandísimos aficionados, tararí, que el toro va a salir), sacándolo a hombros, pues son capitalistas en todos los sentidos de la palabra.
Es como lo de la salvación de la Fiesta. Dicen que El Torero Republicano ha salvado la Fiesta. Y se lo creen. No, mire usted: a la Fiesta la salvan los chavales que sueñan con ser toreros, cuyos padres hipotecan el piso para que puedan poner y los pongan; la salvan los ganaderos a los que les cuesta un dinero mantener el hierro que heredaron; la salvan los anónimos hombres de plata; los profesionales que no son ni figuras, ni figurones ni figurantes, y que cuando el Torero Republicano estaba retirado, en la playa, rascándose la barriga, rico podrido, sudaban fatiguitas negras en el verano sangriento por las plazas de los pueblos, ¡váyase usted al cuerno con el cuento de la salvación de la Fiesta! ¿Tomista yo? ¡Tequiyá! Yo sigo siendo aristotélico de Ordóñez, de Curro y de Pepe Luis, porque esta moda de ahora es como lo de El Cordobés, pero con III República en vez de montería con Franco.
ANTONIO BURGOS. ABC
2 comentarios:
A este se le va la pinza cada día más.
PUES A MI ME ENCANTA, QUE QUIERES QUE TE DIGA, ÉL TRASLADA LO QUE HAY EN LA CALLE Y LO ADAPTA A SU IDEOLOGIA, QUE ES TODO LO CONTRARIO A SER REPUBLICANO.
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