Enrique Ponce, silencio y dos orejas tras aviso.Antonio Ferrera, oreja y oreja.Sebastián Castella, saludos y silencio.
la tarde iba por derroteros de una tarde más, los toros descatados de Gracigrande no ayudaban a que hubiera nada memorable, la indolecia de Castella que anduvó por delante del tercero tampoco, solo las ganas de estar en el pelotón de cabeza de un Ferrera bullidor que arrancó una oreja de su primero y supo conseguir la puerta grande con otra faena de mucho merito y entrega a su segundo, quinto de la tarde. Castella mal, no es el mismo que nos prometía volver redivivo de América, es el mismo desangelado y triste que se arrastro en la segunda mitad de la pasada temporada por muchas plazas que le esperaban en figura y no pudieron gozarlo más que como una sombra de si mismo.
La tarde, decíamos, iba por derroteros de una triste tarde más, pero Enrique Ponce no es que tenga la moneda es que tiene el cofre del tesoro, el cofre del tesoro del buen toreo y ahí está que esta tarde lo ha abierto y ha sacado piezas de auténtica orfebrería, después de un primero invalido vio en su segundo la oportunidad de ... cuesta decir de que, ¿de triunfar, de confirmarse en primera figura, de reivindicar su sitio de figurón del torero, de torear para si mismo, de demostrar que se puede torear fácil y hondo a la vez? no, es amor propio, es vocacional, es que Enrique Ponce ha nacido para ser figura del toreo y cuando vio que el toro tenía la mínima boyantía de que carecieron sus hermanos, vio sus terrenos y sus
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