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viernes, 12 de julio de 2013

Sanfermines

12 DE JULIO

'Langostero' se ensaña

Sexto Encierro - Día 12

El toro de El Pilar ha corneado en tres ocasiones a un joven de Castellón en Estafeta y a otro mozo en la bajada del Callejón. Un tercer corredor ha sido empitonado en Santo Domingo en un encierro escalofriante que ha durado4,57 minutos.)Sexto Encierro - Día 12

miércoles, 20 de mayo de 2009

LA MUJER DEL GUARDA DE DON ALVARO DOMECQ


FOTO: www.abc.es

POR IGNACIO SANCHEZ-MEJIAS
La Mujer del Guarda de Don Álvaro Domecq

A petición de nuestro comentarista Sr. Desde el 4 y por el interés mostrado por “Grada del 8″ a continuación transcribo el artículo de Don Álvaro Domecq:
Iba yo por el campo revisando los toros, este campo que está lleno de hierbas, de flores, como la zulla roja, argamula morada, trébol blanco, y me encontré con la mujer del guarda, que buscaba entre toros, flores y palmas los huevos de sus gallinas. ¿Quiere usted unos huevos de campo? La señora me preparó una cajita de huevos, con mucho esmero, entre pajitas. La amarró con su toniza y a pesar del ajetreo del coche de campo, llegaron a casa listos para ser fritos. Este año he visto que los ganaderos andan tristes y los mayorales cabizbajos. He leído crónicas que hablaban de la decadencia de los toros bravos en Sevilla. No ha habido ni una corrida, ni un toro bravo, dicen. La Maestranza ha lanzado un comunicado otorgando premios para el mejor matador, para la mejor faena, para el mejor quite, para el mejor par de banderillas y para el mejor picador, pero ha quedado desierto el premio a la mejor corrida y al mejor toro.
Me acordaba yo de la cajita de los huevos de la mujer del guarda; hace pocos días, en Resurrección se ha celebrado la Feria de Arles, una feria que se celebra en una plaza antigua. Ha habido trofeos para los toreros, ha habido grandes faenas y hasta algún toro que lo premiaron con la vuelta al ruedo. En esa plaza tan antigua no existen los corrales, sino una especie de venta de Antequera donde van los toros después de un largo viaje. Los empresarios de Arles compraron a los ganaderos seis toros. Entre el mayoral y el hombre que cuida los corrales han bajado los toros con suma suavidad, los han soltado rodeado de los bueyes, hasta el día de la corrida que llega un francés, aficionado y amante de los toros, en función de presidente, y los banderilleros del cartel del día, han hecho los lotes de los toros, han sorteado, se ha tomado nota del orden de lidia, y entre el mayoral y el hombre de los corrales los han encerrado de nuevo en su cajón, con sumo cuidado, con mucho esmero, como los huevos de la mujer del guarda, y los han dejado dispuestos para la lidia.
Próximamente, vendrá la Feria de Jerez, en donde también están anunciadas muchas de las corridas de Sevilla, y los toreros El Juli, Perera, Cayetano, Morante, el Fandi, Manzanares, Padilla, José Tomas, El Cid, Finito de Córdoba, Rivera y Talavante. Seguro que veremos buenas tardes de toros, pero estos toros se embarcarán de diferente manera que las corridas de Sevilla.
En Sevilla un día vienen a reconocer la corrida, como es lógico se suele presentar una corrida armónica, con toros de buenas hechuras, ya que se pueden escoger los mejores de la camada, con el prototipo que gusta en Sevilla. Si hay suerte ya que llega un ejército de hombres, vienen veterinarios, el presidente, el delegado, la empresa, los veedores esta corrida será embarcada el día antes de la lidia, casi de madrugada, con el mimo y cuidado de su mayoral.
Al llegar a Sevilla los toros se encuentran con un pequeño cuadrilátero, con grandes burladeros de muros fuertes, rodeados por una cantidad de veterinarios, presidente, delegados, incluso algún banderillero llamado especialmente. El piso de ese cuadrilátero está lleno de arena, tiene tanta como este año tiene la montaña del albero de la Maestranza, y yo creo que si hubieran echado un cubito de cal nos hubiera parecido que estábamos viendo el mismísimo Mont Blanc. Arriba en la baranda suele estar la empresa, el ganadero y el mayoral viendo el espectáculo.
Abren la puerta y el toro sale al corral y empiezan a llamarlo desde uno y otro burladero, el toro con la arena hasta la barriga empieza a escarbar para abrirse paso embestida tras embestida; cuando lo han visto y revisto, le abren otra puerta y con unas muletas colgadas de una garrocha llevan al toro de corral en corral, pase para un corral, pase para otro, me atrevería a decir que hasta un pase de pecho, para encerrarlo en su chiquero, donde debe estar hasta que toque el clarín al día siguiente.
Terminado el desembarco, los mismos que aprobaron la corrida en el campo se reúnen a dar sentencia y muchas de la veces le dicen al ganadero que hay un número de toros desechados, algunas veces hasta cuatro, o sea que han llegado algunos huevos rotos. Sin mediar palabra hay que ir al campo a buscar más toros. Un animal acostumbrado a que lo traten bien, tan sensible que nada más se puede torear una vez y, desgraciadamente, al día siguiente, por segunda vez, va a ser en esa maravillosa plaza de la Real Maestranza, donde los ganaderos piensan que por qué se lidia en Sevilla la peor corrida de la camada.
Me acordaba yo del toro «Ojito», que, hace poco tiempo, llegó por la mañana directo del camión a su chiquero y tuvo que salir de sobrero para Dávila Miura, que le cortó las dos orejas y le dieron el premio de la Real Maestranza. Hace menos tiempo, el toro «Ojos negros», que también había llegado por la mañana, lo toreó César Jiménez, le cortó las dos orejas y le dieron la vuelta al ruedo. Quizás la Maestranza tendrá que procurar el año que viene poder cambiar algo las cosas; si no, vamos a tener que llamar al aficionado francés o a la mujer del guarda.


Es evidente que Don Álvaro lleva razón en cuanto al estado de los corrales y al sufrimiento innecesario de los toros en los reconocimientos. Lo que no sé es si de verdad esto influye en su comportamiento posterior. Ha habido muchos toros bravos, muchos, que han pasado por esos corrales, que no parecen ayudar, pero tampoco deben quitar bravura. Otra cosa, a mi la palabra que siempre me ha gustado para designar al profesional es la de “conocedor” ¡que bien les viene!

lunes, 18 de mayo de 2009

La historia inacabada del torero listo y el torero tonto

La historia inacabada del torero listo y el torero tonto
Debía llegar el día en que alguien contará que hubo una vez dos toreros, jóvenes, bravos, valientes, bien plantados, guapos, bueno, haciendo honor a la verdad, debemos decir que uno era más guapo que el otro, en todo caso los dos eran figuras del torero, o lo que es lo mismo, se habían podido comprar un cortijo con los toros.
Los dos eligieron un día un camino difícil y hermoso, ser toreros. Los dos eran famosos, los dos toreaban una tarde si y otra también. Pero…uno era listo y otro era tonto, bueno parecía tonto, por que según la madre de Gump, Forest Gump, “tonto es el que hace tonterías” y el torero “tonto” nunca hizo tonterías. Los dos toreros eran hijos de torero. El torero al que llamamos tonto para entendernos, aunque al final de esta historia muchos es posible que acaben no estando de acuerdo con este calificativo, bueno para entendernos el torero tonto, se hacía llamar con el apodo de su padre, que fue torero modesto y posiblemente falto de algo, como todos los que no llegan, escaso de valor, de clase, de técnica, o a lo mejor sólo falto de suerte, no sabemos de que adolecía, pero el padre de este no pasó de la mediocridad de tantos maletillas, el torero tonto se puso ese nombre, al fin y al cabo el de un torero fracasado, seamos claros, ese nombre no le ayudó, es más, le podía haber supuesto un lastre. Se lo puso queriendo hacer grande el nombre de su padre, porque sabía desde muy joven que él era torero por tres cosas, primero por que Dios así lo quiso y lo dotó largamente de cualidades propias de esa condición, no se iba a poner de nombre “Dios”, aunque ya hubo un torero, el padre de Lagartijo por dar un dato, que se llamaba “Niño de Dios”, pero esa es otra historia menos extraña que la presente y que contaremos en otra sentada. El segundo motivo por que era torero era un motivo a caballo entre la genética y el ambiente, nunca pensó en llamarse “el Mendeliano” o “el niño de los genes toreros”. El tercer motivo era su padre, su amor al toro, su propia frustración reconvertida en ilusión, su sueño moribundo reencarnado en su hijo, en homenaje a esta tercera causa usó siempre el que fuera apodo de su padre.
El torero listo, este siempre nos parecerá listo a todos, en distinto grado y con más o menos merito, pero listo, se puso en los cárteles con un nombre de reminiscencias del de su padre, que fue figurón del toreo y aún tenía predicamento y partidarios y favores que cobrar y amigos y un sitio grande en el Cossío, eso le ahorró la escuela taurina, las amistades de que hablábamos le facilitaron la enseñanza, los cortijos ganaderos de su familia y los de su amigos le dieron tentaderos sinnúmero, oportunidades y un hueco en los carteles. Los públicos y las empresas le dieron el cariño, el sitio y los contratos sobrantes de su progenitor.
El torero tonto siempre quiso ser torero y fue desde niño alumno de una escuela taurina donde destacaba siempre, luego se fue lejos para hacerse torero, casi sin ser persona, casi sin ir a escuela, casi sin tener infancia, casi sin darse cuenta confirmó que era un superdotado, un torero grande en un cuerpo de niño.
El torero listo tuvo una infancia dura, la soledad es dura, la soledad compartida con otras soledades más aún y por eso a lo mejor se hizo listo o pícaro. Su vocación taurina le vino cuando comprendió que no servía para los masters de sus amigos, ni para los albañiles, ni para los negocios. El torero listo tomó su alternativa, cuando era un hombre, en una plaza grande, con un cartel grande y estuvo grande y poderoso, mejor que de novillero, donde nunca destacó pero donde logró crear la expectación necesaria para dar el salto de escalafón.
El torero al que llamamos tonto, alguno preguntará porqué le llamamos con este feo apelativo, no se preocupen, la historia tiene su tiempo y todo se descubrirá, el torero tonto empezó a interesar desde siempre, su carrera de novillero fue intensa, el día de su alternativa era un niño, en una plaza grande con dos toreros grandes y él estuvo grande y valiente como de novillero, bullidor, variado, poderoso, serio para ser un niño.
El torero listo fue lanzado al estrellato de los toreros, que mal suena esta expresión ¿verdad? Pero así fue, una estrella, salía en los papeles de los toros y en otros papeles, las cámaras “le querían” , él se dejaba hacer y a veces ayudaba un poco, sus novias eran famosas, sus amigos también, era una estrella. Toreaba mucho, tenía tardes buenas, regulares y malas, cogidas, triunfos, éxitos, fracasos, decepciones, emociones, sustos, miedos y valentía.
El torero tonto toreó mucho, España, América hispana, Francia, tuvo alguna cogida grande, muchos triunfos, alguna bronca, era muy joven y lo querían mucho las madres porque era el hijo ideal y los padres por que hubieran querido ser como él y los niños por que era un niño que jugaba al toro. Toreó tanto y en tantos sitios, que pronto los públicos se cansaron un poco del niño, ya talludito, sus apoderados, otros hombres listos, pensaron que ya se había acabado el carrete, la gallina de los huevos de oro, que lo que le quedaba por hacer era dar vueltas a España y ser una figura más del montón.
El torero listo empezó a demostrar su inteligencia natural cuando observó, casi sin ayuda, que si se quedaba una cuarta atrás, el toro no le apretaba tanto, cuando captó que. si al entrar a matar, daba un rodeo y metía la mano, el toro pasaba sin más, la espada no caía bien y el toro tardaba más en morir, pero la diferencia no era mucha, y al fin y a la postre lo que contaba era, por puro sentido de supervivencia, no exponer mucho.
El torero al que llamamos tonto, ahora empezaran a comprender, se sentía mal, no encontraba su sitio, no lo veía tan fácil, y decidió apretarse los machos, que bonita expresión y que taurina, ¿eso como se hace?, pues él, en sus cortas luces, pensará alguien, decidió dejarse matar por pisar un terreno que no era el suyo, si no el del toro, pensó que todo tenía más valor si aún bajaba más la mano y forzaba al enemigo de cada tarde, se empeñó en entrar a matar en derechura, bajando la mano izquierda y metiéndose en la cuna, entre los pitones del animal bravo. Y además decidió hacerlo en todas las plazas de importancia, con la misma disposición siempre.
Aquí empezamos a comprender por que el torero listo es conocido como el listo y el torero tonto es nominado de tal forma, aunque al final muchos pensaran que nos equivocamos al encasillarlos.
El torero listo observó que, en las plazas más exigentes, algún espectador entendido le pitaba por las mañas que había adquirido, por las ventajas que usaba cada tarde, pero también se dio cuenta pronto que en otras plazas, llenas de gente, su toreo despegado y fácil, lleno de técnica, conseguía no enfadar a nadie de los muchos y muchas, en lenguaje de ministra, que iban a verle.
El torero tonto lo pasó mal, le pedían suertes que ya no practicaba, es elegante eso de “suertes que ya no practicaba” ¿verdad que es bonita la jerga taurina?, lo recibían de uñas los aficionados con carné de aficionado y los padres y madres que antes lo querían tanto, pero luego a lo largo de la faena, esos mismos, se quedaban callados y de repente, al matar al toro por arriba, gritaban exaltados; habían captado matices de importancia en la actitud de torero al que llamamos tonto. Se quedaba quieto, bajaba la mano, lo ponía todo en cada faena. Por cierto, sería tonto, pero había alcanzado una técnica de hondura y conocimientos profundos que trascendía a los tendidos.
El torero listo también, para eso su apodo en esta historia, había logrado cotas inimaginables de técnica y poder, mucho, comenzó a practicar suertes que nadie le pedía, él sin embargo pidió más dinero y se lo dieron, las gentes iban a la plaza a ver a un torero que salía mucho en la tele, con sus novias, sus hijos, sus gentes, sus líos. Como era listo sabía que todo eso interesaba que fuera junto, y promocionaba que así sucediera, toreaba por que salía en esos papeles y salía en esos papales por que toreaba, cada vez en plazas de menos responsabilidad cada vez en más dinero, cada vez con menos toro. Se palpaba la falta de trasfondo de su toreo.
El torero tonto pidió más dinero y los empresarios listos no se lo quisieron dar, no llevaba gente, decían, no salía en la tele más que en programas de toros y eso no servía, no salía en más revistas que las taurinas y eso no vendía, no era más que un gran torero que cada tarde conquistaba formas y terrenos y eso no es lo que buscaban los públicos. El torero tonto no tomó el camino de los lisitos, ni el fácil, no se prodigó más donde no le interesaba, cogió el camino difícil, un apoderado independiente, se siguió peleando con el de los pitones hondos por unos centímetros de albero, no rehuía carteles con otros como él, hacía gestos de matar corridas duras, cada tarde era una tarde responsabilidad, cada toro un reto, cada temporada un mundo. Fue siendo feliz cada año un poco más, toreando y superando sus retos personales
Aquí estamos cuando pasa lo insospechado, el toro no distingue toreros listos y toreros tontos, a todos coge por igual, esa es su raza y su motivo. Los dos toreros torean mucho, y una tarde en una plaza cualquiera, el torero listo es cogido por un toro afeitado, no de la barba, sino de los cuernos, y chico, pero es cogido de fea manera, cuando se iba de la cara del toro y lo creía tener dominado, el tabaco es gordo, podía haber muerto, sufre una fea cornada, muy amplia, sucia, de las que dan los toros afeitados, y da con los huesos en un hospital de la capital. Allí hay mil cámaras de otros tantos programas deleznables, mileuristas de la prensa en busca de carnaza, unas cuantas fans y su gente. Lo deben operar, cuando despierta de la anestesia, pregunta, demostrando su inteligente condición de listo.
- ¿Tengo mucho, es gorda la cogida?, se cuidaba por instinto ¿Ha salido en la tele? Se interesaba por la repercusión, claro,¿hemos perdido mucho dinero? Se interesaba por la economía, prudente
En eso mismos días el torero tonto fue cogido cuando entraba a matar en la plaza de toros de Las Ventas, la faena había sido importante y el toro lo había avisado, por que los toros avisan, ¿Sabían ustedes?,de que iba a derrotar en cuanto sintiera la espada, el torero tonto lo sabía, su apoderado también, su cuadrilla entera sabía que el toro quería cogerlo, muchos de los que estaban en la grada no sólo sabían que el toro quería cogerlo, también sabían que, como era el torero tonto, se iba a dejar coger por una extraña mezcla de orgullo, necesidad, compromiso, torería, entrega, pasión y algo llamado amor propio, que no se muy bien lo que es. Claro, lo cogió el toro. Luego, en la enfermería de la plaza, cuando despertó de la operación sus preguntas fueron:
- ¿Han sido dos orejas? ¿Estaré listo para Bilbao?, ¿Qué han cortado los otros?
El torero listo y el torero tonto se recuperaron, el torero tonto seguía soñando con la faena perfecta, con el dominio absoluto de un toro, con la entrega total y la pérdida de conciencia de su propio cuerpo en una tarde.
El torero listo siguió con sus mañas, su valor, su oficio y digo yo que soñando, aunque yo no se que soñaba, nunca he sido capaz de leer el alma de los listos
Por mucho me tendría si osará contar como acaba la historia, que no lo se, si le quitase meritos a alguno de los dos toreros, si formulase juicios de valor, casi me pesa haber contado esta historia. Se que mi paciente lector tendrá preguntas pero ¿no será mejor dejarlas ocultas? Casi ni formularlas
De verdad, no se como sigue la historia, no es por soberbia o por darme misterio que no sigo, ni por pereza que no tengo. Sólo quería contar algo, si el que lo ha leído lo considera ocioso y acaso estúpido, pronto lo olvidará, si por el contrario piensa “mira el prenda” ha dado en el clavo, me ha entretenido un rato, o al menos me ha hecho reafirmarme en que “listo” es un buen nombre para uno y me ha hecho plantearme que “tonto” sea un buen titulo para otro, o algo de ese tenor, al menos no habré perdido el tiempo, cosa que hago muchas veces.




martes, 10 de marzo de 2009

Vergüenza torera

Mirad que joya, escrito hace cien años por un panameño de nombre Ricardo Miró

Manolillo erguía su cuerpo ágil y serpentino mientras el mozo de estoques le apretaba fuertemente en torno de la femenina cintura la faja de un vivo color de sangre . Ni un músculo alterado, ni un ademán de impaciencia denotaban en él el nerviosismo propio de aquel día trascendental en la historia de su vida torera.
Estaba impasible, con aquella serenidad que le había valido tan estruendosas ovaciones y tantas cartas perfumadas. Al frente, arrellanados en dos poltronas, don Pepe y el padre de Manolillo, fumando dos puros, hablaban de cosas viejas, rememorando hechos que quizás ellos solos recordaban .
Era aquella una familia de toreros valientes y pundonorosos, que había dado días de gloria al genuino arte español . Don Pepe había sido picador de Frascuelo, y don Rafael, el padre de Manolillo, fue banderillero de confianza del Califa, el más grande de todos los Rafaeles .
Hoy, viejos y solos, recordaban aquellos tiempos en que los toreros tenían menos pretensiones y más vergüenza .
De vez en vez, don Rafael miraba a su hijo, y una sonrisa de satisfacción le llenaba la boca y le encendía los ojos . Indudablemente, su hijo llegaría porque tenía lo principal : valor y serenidad; además, el chavalillo sabía pa qué servía el capote y lo que hay que hacer con la muleta y con el estoque .
- Te aseguro, Rafaé, que los óleos y la alternativa no los he tomao nunca, pero yo no estaría tan tranquilo como está er nene éste.
-En después de too, qué? . . .Lo mismo da toreá Veraguas que miuras de seis años . . .A la hora de diñala . . .
- Si no es por los toros, hombre, es por el público, por la ceremonia.
- Y es que te has pensao que er chico se va a casá? . . .
- Lo que estoy pensando es que ahora que me he ido de los toros es que me he venío a tomó asco . . .
- Pues yo no, ya ves ; si tuviera piernas entoavia, me verías llame con los toros a pescozones, como antes.
-Y el primer día te llevaban ar cementerio.
- Créeme, Pepe : er que se va a morí, se muere . Te acuerdas de Nini, que no quiso matá aquer toro tuerto de don Eduardo, y que por eso se lo llevaron a la Cárcel y que estando en la cárcel se puso a fumá un puro y se le atragantó er humo y se murió? . . .Pus, bueno, era que se tenía que morí aquer día, créeme.
- Pus si no hubiera fumao er puro . . .
Entonces le da la difteria o er cólera y se hubiera muerto de toos modos.
- Qué hora tiene usted, padre? - interrumpió Manolillo, que llegó montera en mano, completamente vestido.
- Las cuatro menos veinte minutos. . .Tienes tiempo.
- No ; me voy de una vez, porque quiero ir a buscar a don Vicente al hotel.
- Entonces, pues, andando. Y el joven, que debía doctorarse en tauromaquia aquella tarde, salió seguido de los dos viejos toreros encanecidos.
- En la puerta de la calle se despidieron.
- Hasta luego, pues . En el patio nos veremos antes del paseo.
- Adiós.
La plaza estaba deslumbrante en aquella hermosa tarde de julio.
La alegría y la transparencia cristalina de aquel cielo andaluz parecía haberse comunicado a los espíritus, y por todas partes se veían caras risueñas, y se oían carcajadas y gritos que se mezclaban con el vocear de los vendedores de dulces y manzanilla . Ni una localidad vacía, ni un hueco en los tendidos, como si todo Sevilla se hubiera dado cita para presenciar la alternativa de Manolillo, el torero más gitano, más elegante y de más coraje que había dado la tierra de María Santísima . El reloj marcó las cuatro y millares de pitos y cencerros recordaron al Presidente que había llegado la hora . La autoridad salió al palco y agitó en el aire el tradicional pañuelo . A los sones de una alegre marcha, la deslumbrante cuadrilla apareció en el ruedo . Manolillo iba más sereno,más guapo, más elegante que nunca, luciendo un riquísimo traje azul y oro . A su lado, la figura desgarbada del enorme Vicente Pastor se gravaba, dolorosamente antiestética . Y la gente aplaudía, frenética al ver juntos, por primera vez, al colosal matador madrileño con el finísimo y valiente torero del Barrio de Triana.
Al saludar ante la Presidencia, la cuadrilla se deshizo y los matadores fueron obligados a dar la vuelta al ruedo, en medio de una ovación delirante . La calma se hizo cuando sonó el clarín y apareció en la arena, como una tempestad, el primer miura de la tarde.
De salida se arrancó al primero de tanda y le hirió el caballo en la mitad del pecho . La sangre brotó tumultuosamente como si se rompiese un tonel, y el caballo, después de tambalearse como ebrio, cayó inmóvil, muerto . Siguió sobre el segundo y, con una feroz acometida, lanzó caballo y picador dentro del callejón, con una voltereta inverosímil . Las gentes aplaudían la bravura de aquel hermoso ejemplar de don Eduardo, y en medio de la ovación y tras un capotazo para fijar el toro, Manolillo se arrodilló, aguantó valientemente, y en una bellísima larga cambiada, sacó el hermoso bruto, loco, hambriento, detrás de los pliegues de su maravilloso capote . La ovación recrudeció y en medio de un ruido ensordecedor, el bravo muchacho se levantó y dibujó una serie de verónicas, navarras, lances
de frente, por detrás, ceñido, estirando los brazos sin mover los pies, cuadrado en un palmo de terreno, volviendo sólo la cara sonriente y la serpentina cintura, y terminó con un recorte, echado el capote hacia atrás y presentando, en un arranque lleno de coraje su cuerpo desnudo al toro que había quedado deshecho, asombrado, jadeante . . .
La ovación fue enorme . No se recordaba haber visto nunca rada igual en arte, en elegancia, en valentía ; y los puros y las flores llovían desde los tendidos, borrachos de luz, de sangre, de miedo, de alegría.
Y se pasó a varas. El segundo tercio fue emocionante . El toro era potente y certero, y a cada acometida dejaba en tierra un jaco listo para el arrastre . Vicente y Manolillo se lucían en quites porque el miura era noble a más no poder y acudía siempre a los capotes, yéndose entre los vuelos del percal como hipnotizado por la viveza de los colores.
Se pasó a banderillas sin ningún incidente y vino la hora suprema.
Vicente empuñó muleta y estoques, saludó a la Presidencia, y llevando a Manolillo hasta el centro de la plaza, montera en mano, después de las faenas de rúbrica, le entregó los trastos que le daban el codiciado título . La gente aplaudió frenéticamente, y Manolillo fuese en busca de su enemigo.
Llegó con serenidad y se cuadró delante del toro, llevando muleta y estoque preparados para un pase ayudado, pero el toro no se arrancó . Tras una oportuna vuelta que hizo dar al cornúpedo un peón, enmendó y tomó la muleta en la derecha para dar un pase natural . El toro no se arrancó . Tras una oportuna vuelta que hizo dar al cornúpedo un peón, enmendó y tomó la muleta en la derecha para dar un pase natural . El toro se arrancó y la muleta barrió el lomo del animal . Manolillo se confió, entonces, y la faena de la muleta fue magistral, llena de valentía y de arte, hasta que el muchacho, perfilándose, entró derecho, cruzando a maravilla, y dejó media estocada lagartijera colocada en las propias agujas . El toro dio una vuelta, quedose inmóvil, mirando a su enemigo, y repentinamente cayó al suelo, muerto.
Blusas, gorras, abanicos y flores llenaron la arena y el arrastre se hizo sin intervención del puntillero, porque Manolillo le había partido el corazón al toro.
Salió el segundo de los miuras, grande, astifino, color jabonero.
Vicente quiso torearlo y tras la primera verónica el toro se fue suelto.
Intervinieron los peones para fijar el bruto, pero el toro no hacía caso de capotes y se arrancaba caprichosamente hacia cualquier punto . Entre una bronca espantosa, el toro recibió dos puyasos y, al fin, el Presidente tuvo que ordenar que el miura fuese fogueado . La tarea se hizo difícil porque el toro desarmaba, y con dos pares de banderillas fue terminado el segundo tercio y se pasó a la suerte suprema.
Vicente Pastor requirió espada y muleta y previo saludo de rúbrica fue en busca del toro . Un silencio solemne caía de las gradas, llenas de gentes angustiadas con el presagio de la tragedia . El toro se defendía, arrimado a los tableros, en la querencia de un caballo muerto.
Hasta allá fue el bravo madrileño, serenamente, tranquilamente, con esa impasibilidad de excelso y divino Pastor, y abrió la muleta ante la cabeza del toro, a un metro de los pitones, clavado en la tierra como una estatua.
El toro arrancó de pronto, y al verse burlado tornó de nuevo a su querencia . Vicente, entonces, comenzó una serie de hábiles y valientes pases de latiguillo y sacó al toro de las tablas, entre una delirante ovación hecha a su valor y su talento . Ya en los medios, abrió las muletas para dar un pase natural con la mano izquierda, pero el toro se colocó horriblemente, atropellando al torero y llevándose los alamares de la chaquetilla y la pechera de la camisa, y volvió a su sitio de defensa . Pastor se llenó entonces de coraje . En el grave silencio de aquel momento supremo podía oírse el jadear de su respiración y el resoplar del toro sediento de hacer presa . Le dio unos cuantos talonazos en que se adivinaba la rabia que poseía y se perfiló de matar; pero la fiera se arrancó, saliendo con la espada en los cuernos y arrojándolo lejos . Un grito inmenso, de espanto, llenó la plaza ; los peones intervinieron con sus capotes y lleváronse el toro, que Manolillo le había quitado a Vicente con un gran quite.
Pastor se incorporó, quiso tomar de nuevo espada y muleta, pero Manolillo y los peones se opusieron y fue llevado a la enfermería.
El joven doctorado tenía, pues, que demostrar que era digno del honor que acababa de serle concedido, y tirando majamente el capote, requirió espada y muleta y se fue al toro.
Al abrir la muleta, el toro se arrancó desparramado y se fue tras de un banderillero que se echó de cabeza al callejón.
El pánico reinaba en el ruedo y todo era confusión . Sólo había dos hombres serenos : Manolillo, en medio de la arena, y don Rafael, su padre, en el tendido, siguiendo todas las peripecias de la lid.
El muchacho buscó nuevamente a su enemigo y, confiándose indeciblemente, con una tranquilidad pasmosa, abrió la muleta y provocó al toro, golpeando en la arena con el pie . El animal se arrancó de nuevo y alcanzó al torero, zarandeándolo en el aire horriblemente y tirándolo en tierra, lejos, Manolillo se puso de pies,
sin verse la pechera rota y ensangrentada, recogió los trastos rápidamente y buscó al toro.
De las gradas bajaban gritos de espanto y de protesta.
- No lo mates. . . No lo mates . . .- gritaban de todas partes. Señor Presidente. . .-eso no es toro. . . Al corral. Pero Manolillo no oía y peleaba con el toro, librándose hábilmente de las tarascadas de la fiera que se colocaba en cada pase que intentaba el muchacho.
-¡No lo mates! . . .- insisía la gente. El vocerío tomó proporciones de bronca, y el Presidente, al fin, agitó el pañuelo, y los clarines sonaron para retirar el toro al corral. Manolillo bajó la frente y dos lágrimas surcaron sus mejillas ; pero entonces oyó una voz estentórea y clara que gritó:
- Manolillo : ¡mátalo! . . . ¡Mátalo o que te mate, Manolillo! . . . El muchacho alzó la cabeza, buscó y se encontró con los ojos de su padre, y una sonrisa de satisfacción, una sonrisa de no verse tan sólo, le iluminó el rostro, mientras el viejo gritaba, enloquecido:
- Máatalo, Manolillo! . . .Máatalo ó que te mate! . . . Manolillo se fue al toro nuevamente y la bronca, que se había apaciguado, recrudeció ensordecedora y amenazante . Era una protesta unánime lanzada al viento por quince mil gargantas roncas de espantó ; pero Manolillo estaba impasible, desplegaba la muleta en el
hocico ensangrentado del animal . Comenzaron a caer almohadillas y frutas, y en algunos lugares de la plaza se hacían hogueras . El Presidente hizo una señal y los guardianes civiles comenzaron a llenar el callejón . Manolillo miró por última vez a su padre y lo oyó gritar desaforadamente, los brazos en alto y la cana cabeza descubierta:
- Máatalo, Manolillo! . . . iMáatalo o que te mate! . . . Y se perfiló y entró a matar resueltamente . Un sólo grito inmenso llenó los aires y por un momento hombre y fiera formaron un grupo confuso ante los ojos aterrados de los espectadores . Por fin, Manolillo cayó en tierra, inmóvil, pálido . El toro vino tras él para recogerlo, pero le faltó la vida y se echó mansamente, para morir al lado de su matador y de su víctima.
Un silenció sombrío cayó sobre los tendidos, mientras las gentes, consternadas, huían de las gradas buscando una salida más rápida que las librara de aquella horrenda visión de sangre, y en lo alto de la asta de la fachada la bandera española tremolaba indiferente sobre el fondo del cielo azul, napólitanamente azul.
- Tú has tenido la culpa, Rafaé . . .Hiciste mal . . .Hiciste mal . . . Don Rafael se enjugó las lágrimas y soltándose de los brazos de su primo, le gritó:
- Que hice mal, dices? . . .
- Sí, hiciste mal, Rafaé . . .
- No, no hice mal . . .El debía matá al toro ó er toro lo debía matá a él . ..Eso manda la vergüenza torera . . .la vergüenza que nosotros conocemos.
- Pero si allí en la plaza no había nadie que supiera de toros.
- Cómo que no había nadie? . . . ¡Estabas tú, estaba él y estaba yo! . . .

sábado, 3 de enero de 2009

El padre más valiente del mundo

Me se una historia, es triste y larga, pero real. Es tan larga que aún no ha acabado. Es tan triste como la lágrima sorda de un niño. Es tan real como una mañana de Enero.
Cuenta de una madre y de un niño, de una madre y un niño normales, todo los normales que puedan ser la madre del hijo de un torero y el hijo de la mujer de un torero. Desde hace algún tiempo los sueño todas las noches, en una eterna escena de intimidad sagrada, de esa intimidad cómplice que sólo pueden mantener una madre y un hijo que esperan al mismo hombre.
Desde hace meses, todas las noches, la madre del niño llega tarde y triste y cansada. Es casi la indeseada hora de dormir de los niños, cuando mamá vuelve a la casa. Adri no ha recibido en el verano las urgentes llamadas de torero en temporada y pregunta a su madre por papá, todas las noches pregunta y mamá le cuenta, tumbados ambos en la amplia cama de matrimonio, la foto de papá vestido de luces, la foto de la boda, la foto del bautizo, los miran desde la abigarrada cómoda, mamá le explica

- Hoy papa ha toreado en una plaza grande, con palcos, casi de primera, aquello estaba a reventar y ha estado cumbre.
- Y papa…. ¿porque siempre torea toros tan grandes y con esos “leños”?
- Por que papa es el más valiente y quiere toros grandes y en puntas. Dice que los toros grandes se mueven menos y que si tienen puntas afiladas, duelen menos los golpes y las heridas son más pequeñas
Musita la madre la respuesta, el tono es de quien repite lo que nunca creyó al oírselo al papa de
Adri, que sigue con su impenitente interrogatorio
- Y ¿Papá ha cortado orejas y rabo?
Pregunta otra vez el niño
- No, Papá es banderillero, subalterno, papá lidia y pone banderillas y da la puntilla, ya sabes que no corta orejas.
El niño está en esa eterna edad de las preguntas encadenadas
- ¿Y si eso es más difícil que pegar pases, por que no le dan a papá las orejas?
- Por que papá no las quiere, sabe que lo importante es que el toro sepa que es él quien lo domina, que el aficionado lo note, que el ganadero lo valore, que el matador lo vea, le dan igual las orejas y los rabos. Él se lo enseña al torero y enseña al toro para que sea bravo y embista largo.
- Y ¿cuando viene papa?
- Ya sabes que vendrá cuando acabe la temporada.
Insiste el niño, sigue indagando en el proceloso mundo de los adultos
- Pero antes venía más y este año no viene nunca
- Este año la temporada es más difícil
- ¿Y por que no vamos nosotros a la plaza a verlo como antes?
La madre calla, ¿Por qué siempre las madres callan en algún punto de estas conversaciones? ¿Se guardan secretos? ¿No saben las respuestas? Entonces… ¿Las madres no lo saben todo? ¿Las madres mienten?
Es el momento en que decae la charla y Adri empieza a ser vencido por el sueño, su madre le hace marcharse a su camita de niño, en su cuarto de niño, el pequeño insiste en quedarse. Pero la mujer del torero le obliga a atravesar el pasillo
-Pero en brazos mama-Mimosea el niño
Y en brazos lleva a su pequeño al cuarto de niño, tan lejos, en la otra orilla del pasillo
- Mamá ¿Por que tenemos que dormir los dos solos?... Vamos a acostarnos los dos en la cama grande.
- No, cada uno en la suya, por que esta noche a lo mejor viene Papá... si pasan cerca y el chofer del cochecuadrilla lo trae a casa.
El ritual se repetía todas las noches, las mismas preguntas, los mismos silencios, el mismo camino inmenso a la incomprensión de la soledad de la habitación de los niños y a la eterna soledad de la madre, comprendida en toda su magnitud, que sabe que el hombre tampoco vendrá esta noche de silencios y miedos.



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Llega un día, de los preciosos días de mil colores del Otoño, en que mamá no calla ante la sempiterna pregunta que no tenía respuesta.
- Mañana, mañana, iremos a ver a papá.
La pregunta de los ojos del chiquillo salta como un tiro
- ¿Pero a una plaza portátil o de obra?
- Una plaza grande, de obra

Ya es la tarde siguiente a esa noche de nervios y vigilia del pequeño Adri. Montado en el coche, se siente importante con sus ropas de domingo, expectante como todos los que han viajado con ansias de conocer, pegada la cara a la ventanilla, es la hora de ir a ver a Papá, a la plaza grande donde había estado toreando todo el verano.
Hay veces que los adultos cuentan embustes que al final los niños siempre descubren, por que una mentira no puede durar toda la vida. El momento en que Adri descubrió que mama mentía fue cuando tomaron el desvío que indicaba
TOLEDO.
Adri sabe, como todos los niños aficionados del mundo saben, que en Toledo sólo hay toros de categoría para el Corpus y eso fue en primavera. En este Octubre triste y ventoso no hay por allí toros de importancia. Su decepción le hace amorrarse con pucheros en un rincón del asiento. Ahora le pesa la tarde, le pesa el viaje, la ropa de domingos, la de ir a los toros, la de ir a los hospitales.

Sólo se ha dado cuenta que mamá no mentía cuando Mamá empieza a hablar con las palabras con que hablan los adultos cuando no tienen más remedio, cuando ya no hace falta hablar. Ahora cuadra todo, las tardes sin llamada de papá, la extraña prohibición de ver Tendido Cero, la ausencia de 6toros6 nuevos del mueble de las revistas, las constantes lágrimas silenciosas en la cocina de mamá, tantos días en casa de la abuela, las miradas de lástima de todo el mundo…., ahora ya todo está claro.

En esa plaza de Peraleda a la que van, si que echan toros con cuajo, peligrosos, y el niño no tiene duda de que su padre les podrá, por que Adri sabe que su Papa es el más valiente, el que más puede al de los leños arriba, el que parte por abajo los mansos de la cara alta, el que obliga en banderillas y somete con la capa.

Cuando bajó del coche corrió ilusionado, quería un sitio en barrera, donde vería a papá, que hoy iba de primer espada, de único espada, a lo mejor le brindaba el toro más importante de su vida.
Adri corrió hacia la escalinata en cuyo porche rezaba un aséptico cartel:
HOSPITAL NACIONAL DE PARAPLÉJICOS DE TOLEDO .

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martes, 7 de octubre de 2008

Debut con caballos.

DEBUT CON CABALLOS


Siguió caminando, veía el tejado del cortijo a los lejos y la referencia le servía de estímulo. Hacía frío, sus pies se hundían en los charcos que salpicaban el camino. La paradoja de la sed en medio del humedal y el sudor bajo el frío y la neblina le provocaba desazón.

Las contradicciones marcaban su vida desde hace mucho tiempo. Sin embargo su vida no era contradictoria, ya no, ahora era un destino dirigido hacia un objetivo único. El toro.

Por ese destino buscado había abandonado su cómoda posición de profesor universitario de la facultad de comercio. Dejó atrás la incipiente relación con una mujer de la que llevaba enamorado desde segundo curso y con la que disfrutaba de un apasionado amor nuevo, pero con formas de vieja relación de amores cálidos y pocas exigencias. Habían reiniciado el romance tras el divorcio de ella de un amigo común. Olvido el habito de la opípara comida los domingos en la casa familiar de sus padres del lago Maggiore, donde rara era la sobremesa que no acababa bien en drama de antiguos reproches familiares entre sus padres, bien con su hermano irascible y ausente, su insoportable cuñada y los otros miembros de la familia próximos y ajenos que desfilaban cada lánguido atardecer de domingo por la señorial villa.

Seguía andando con brío. El camino se le hacia largo, era un día de primavera del campo charro, el sol brillaba sin fuerzas, hacía viento y sentía las puntas de los dedos de sus pies arrugarse entre el frío y el agua, mientras su espalda se empapaba de sudor, su bonita camisa de tejido delicado y hecha a medida se le pegaba al cuerpo.

Siempre había sido un sibarita en su aliño indumentario, le gustaban desde siempre las ropas que le caían con garbo, elegía con esmero su vestuario entre lo más clásico y lo más osado sin caer nunca en lo ordinario o lo epatante, era lo que suele definirse como un hombre de natural elegante. Con apenas ocho años, el rito de desvestirse era motivo de chanza para su hermano mayor. Se sacaba la camisa sin volver las mangas, y la depositaba sobre la percha del galán, regalo navideño por petición expresa del niño, luego el pantalón, con sumo cuidado para no arrastrarlo por el suelo, hacía equilibrios sobre ambas piernas para acabar con la prenda cogida con apenas dos dedos por el extremo de las perneras que colocaba entre la barbilla y el pecho para reafirmar la raya pasando con firmeza los dedos pulgar e índice por toda la largura de la prenda y acabar posándola suavemente sobre el frágil mueble. Luego limpiaba sus zapatos. Cuando se dejaba arropar por la suaves sábanas, su hermano ya llevaba largos minutos de sueño, con la ropa arrebujada en los pies de la cama.

El camino se empinaba y decidió aligerar el paso iniciando una ligera carrera que le llevó hasta el último otero desde donde divisó cercana la casa y el resto de edificaciones de la finca. Se encontraba en forma, llevaba varias semanas yendo a entrenar a la Casa de Campo con los profesionales, se hacían toros, corrían, hablaban y pensaban en torero. Si alguna duda hubiera tenido, en ese ambiente de apasionamiento por el toro, las hubiera disipado todas,

Recreó la vista en el encinar que se desparramaba ante su vista mostrando la magnificencia de la dehesa salpicada de toros bravos tras la cerca de traviesas y alambres de espino. Paró un momento mientras tomaba aire en lo alto de la colina, quedo prendado ante la cercanía de lo que tanto había deseado, estaba en el toro, amaba el campo bravo, la naturaleza semisalvaje, esa creación artificial fruto de siglos de paciencia que es una dehesa. En el cercado que se prolongaba a su derecha pastaba una punta de vacas con su terneros, muchos recién nacidos entre el final del invierno y la apabullante primavera que se mostraba en su verde plenitud. A la derecha, separado de las vacas madres y sus chotos por el corredero de doble alambrada y el camino, se pavoneaba un toro. Se quedo mirando al que consideraba el animal más bello de la creación desde que lo vio, cercano y majestuoso, por primera vez, hacía ya tres años, en las marismas de la Camarga. Era difícil soportarle la mirada al rey de la dehesa. El encuentro visual se prolongó por unos instantes hasta que el morlaco se dio la vuelta, con desprecio y decidió que en otro momento seguiría con la ceremonia de la conquista interrumpida por el intruso humano.

Se hacía tarde. Maldijo el doble pinchazo del poco campero Volswagen golf y la falta de cobertura de los móviles en la serranía salmantina, que le habían hecho caminar durante casi dos horas camino de su primer tentadero, reanudó la marcha con prisas, deseando llegar al cortijo a tiempo. No quería ni pensar que hubieran acabado el desayuno serrano que le habían pronosticado y anduvieran ya tentado a las beceras, en la difícil decisión de dejarlas madrear o mandarlas al matadero. Había pasado toda la noche sin dormir, era un hombre tranquilo, pero una primera vez siempre conlleva tensiones. Desde que la tarde anterior le había llamado el joven matador, hijo de una antigua figura del torero de los años 70, y hermano de su amigo desde el internado, para decirle que le esperaba en esta mañana para acudir a su primer tentadero, estaba excitado y ansioso.. ¿Como traducir tentadero al italiano? tentadero…tentadorra, probatiura,.. , la noche antes no había sabido traducírselo ni describírselo a su novia en Florencia.

Al principio, en el internado suizo, no le llamo la atención Francisco, hijo de un matador fallecido en los ruedos. Pero la amistad entre el huérfano y el italiano surgió casi por obligación entre el bicho raro hijo de un “toreador” y un poco cazurro y el spaghetti “especial” . En el internado siguió su pulcritud y sus inveteradas costumbres respecto al cuidado de la ropa, las bromas pasaron a convertirse en insidiosas referencias a su sexualidad por parte de los gallitos, que sobrellevaba con ironías y algún que otro puñetazo que no solía encontrar respuesta dada la desarrollada musculatura que cuidaba en largas horas de gimnasio. Si un compañero se manchaba el uniforme, él siempre encontraba un remedio casero para evitar el castigo, manejaba con soltura agujas e hilo, arreglaba con prontitud las correas cuarteadas de unos zapatos.

Aceleró el paso cuesta abajo volviendo a correr, sentía la ropa empapada y un ligero temblor en las piernas, los grandes mastines del cortijo corrieron hacia él y ladraron en cuanto lo vieron.

Era un hombre del toro, y por tanto valiente, no perdió un paso ante los cancerberos y sólo les grito un par de veces, más con idea que lo oyeran desde la casa que para apartarlos. Pronto salio el guarda que calmó a los perros, a la vez que se preguntaba quien sería aquel hombre de acento extranjero que llegaba tan acalorado,

-En esto del toro cada vez hay gente más rara,- se dijo el hombre, antes de indicar al extraño que lo siguiera.

Quedó impresionado de la sencilla elegancia del caserío, el conocía los bellos edificios renacentistas de su patria y había estudiado algo tan italiano como encomia medieval, a medio camino entre la economía el arte y la historia, pero la sencillez imponente del cortijo de piedra le sobrecogió. No era uno de us sueños comprar un cortijo como los chvales que entrenaban en la Casa de Campo.

Siguió al guarda por la puerta principal hasta un pabellón desde el que salían voces y risas,
- Aún no han empezado,- pensó reconfortado.
Entró al amplio salón donde daban cuenta del frugal desayuno a base de migas y anginas y otras casquerías de cerdo. El apoderado de su amigo lo saludó con una copa de orujo en la mano y lo presentó como “Pietro” al resto de invitados y a los anfitriones ganaderos. La ganadera indicó donde estaban las habitaciones donde se estaban cambiando los matadores y banderilleros que iban a tentar.

Pietro saludo aturullado, su don de gentes se vio eclipsado por las bromas y la seguridad de un ambiente donde todos se conocían y conocían a gentes comunes desde siempre. Se sentía un extraño. Sólo fue un segundo, su sueño estaba a punto de cumplirse, su primer tentadero, una plaza de toros, pequeña plaza de tientas de la asolerada casa ganadera, en vez de un toro, becerras, bueno, para empezar no estaba mal y tenía que conocer los detalles del ambiente de la gente del toro por quien había abandonado todo.

Se disculpó y marchó por el pasillo hacía el sueño de su vida, vivir del toro, cerca del toro, sorteos, miedos, valores, en los callejones de las plazas, los hoteles, la vida de un torero; siguiendo ese ideal abandonó su cómoda vida en su patria, su carrera docente, sus cómodos amores y todo o conocido hasta entonces.. Hoy era el primer día de su nueva vida, no se sentía viejo para empezar nada a sus bien llevados treinta y ocho.

Tomó aire y entró en la habitación, el hermano pequeño de su compañero de cuarto en el internado y un viejo banderillero que ya había acompañado al padre de sus amigos hacía tres décadas, estaban en calzoncillos. El joven matador lo miró con guasa antes de espetarle cariñoso y sarcástico:

-¡Vaya profesional, Pietro, tu primer tentadero y llegas tarde! hay tienes las calzonas,- le dijo señalando la maleta-, prepara la de rayas.
-¡Como está esto!, -siguió hablando el viejo subalterno-, el toro es más serio, y más en tu caso, no se llega tarde nunca cuando se torea! Y tú empiezas con plantón .Vaya debut, Pietro, ¡como Cagancho en Almagro!

El italiano sonrió y se agacho para preparar el esportón y ayudar a su matador a ponerse los botos. Había cumplido un sueño, ya era MOZO DE ESPADAS.

Haciendo hilo

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